El Gran Capitán, Alejandro Magno y el águila que NO es de Franco

El Gran Capitán, Alejandro Magno y el águila que NO es de Franco

Son incontables las personas (tanto de Córdoba como visitantes) a las que realizo visitas guiadas por nuestra ciudad y que, en la Plaza de las Tendillas, señalan como algo obvio que el monumento al Gran Capitán se realizó en tiempos del Régimen Franquista. Según ellos, el indicador sería el hecho de que el pedestal incluya un escudo español con el famoso águila. Total y absoluto error…

No voy a entrar en los motivos (en gran medida obvios) por los que este símbolo, así como otros vinculados a los Reyes Católicos, fueron reutilizados en determinadas etapas del siglo XX. Ni en las pequeñas variaciones estéticas que hubo en ellos. Lo que me interesa es demostrar que surgieron con los mencionados Isabel y Fernando, amén de explicar algunos de los motivos que llevaron a su aparición:

La devoción de estos monarcas y sus reinos a San Juan Bautista y San Juan Evangelista respectivamente era absoluta. De hecho, de sus cuatro padres/suegros, tres se llamaban Juan o Juana (todos excepto la madre de Isabel). Y hay que recordar que, además de haberse vinculado tradicionalmente este animal a la imagen de poder, el símbolo del evangelista San Juan era un águila. Lázaro Gila Medina, mi profesor de Historia de la Arquitectura del Renacimiento y el Barroco en la Universidad de Granada, también añadía un cariz conceptual sobre este animal: es el ave que vuela más alto y que, por tanto, se identifica con la sabiduría.

Parece que fue Isabel quien dio pie a su utilización al incorporarlo en primera instancia a su escudo personal. En todo caso, no hay que confundir este águila (que luce nimbo) con la bicéfala (que tiene dos cabezas y tanto alas como garras hacia fuera). La bicéfala corresponde al Sacro Imperio Romano Germánico y los Habsburgo, entrando en la escena española a través de Carlos I, hijo de Juana “la loca” (otra Juana más, por cierto) y Felipe “el Hermoso”, que pertenecía a aquella dinastía. La Capilla Real de Granada, donde se encuentran enterrados Isabel, Fernando, Juana, Felipe y el Príncipe Miguel (que murió con dos años) luce tanto el águila de una testa (la, digamos, española) como la de dos (la “alemana”). Capilla, por cierto, dedicada… a los dos Santos Juanes, como se materializa en el maravilloso retablo mayor de Felipe Bigarny.

Llegados a este punto, creo que sólo hace falta recordar que Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) fue leal a Fernando y, sobre todo, a Isabel. De ahí que su monumento en Córdoba se aderezase con dicho escudo. Era el escudo de la España de su tiempo. Nada que ver con Franco, pues se inauguró en 1923, mucho antes de la Guerra Civil. Y no cabe la opción de que el emblema se incorporase posteriormente, ya que en el vídeo de su inauguración (que puedes ver en otro artículo de este blog) ya se aprecia este elemento.

Pavimento contemporáneo del exterior de la Capilla Real de Granada. Al fondo, la F y la Y. En primer plano, el yugo y las flechas. En el centro, el escudo con el águila de San Juan (en este caso tiene exagerada la parte inferior, donde se encuentra la granada que simboliza el último reino conquistado).

No quiero olvidar que el yugo y las flechas que habitualmente acompañan al águila también tienen su origen en los Reyes Católicos. Además de simbología evidente como la unión de fuerzas que representa un yugo, las iniciales coincidían con las suyas: la Y de Ysabel (como se solía escribir entonces) y la F de Fernando. En la antes comentada Capilla Real de Granada, por ejemplo, se encuentran ampliamente representadas ambas letras.

Pero podemos ir más allá y encontrar un más interesante significado del yugo: Entre los relatos mitificadores de Alejandro Magno (como el que explica la doma, siendo un niño, de su rebelde caballo) se encuentran muchos vinculados a su avance conquistador. Uno de ellos es el del nudo gordiano. Según este, en la ciudad de Gordion (en la actual Turquía) había, en el templo de Zéus, un yugo que Gordias, un antiguo labrador que había llegado a ser rey, habría dejado como ofrenda. El yugo tenía las cuerdas atadas con todos los extremos escondidos, de forma que era imposible desatarlas.

Con el tiempo surgió la tradición de que quien lo consiguiera conquistaría Asia. Cuando Alejandro Magno pasó por Gordion se enfrentó a tan popular profecía. Ni corto ni perezoso, sacó su espada y cortó las cuerdas. Según un historiador romano, habría sentenciado: “Tanto monta desatarlo como cortarlo”. Resulta imposible saber a ciencia cierta si el episodio es cierto o no. Pero parece que Elio Antonio de Nebrija se lo descubrió a Fernando el Católico, quien, identificándose con el carácter directo y pragmático de Alejandro, hizo suyo tanto el símbolo del yugo como el lema “Tanto monta, monta tanto”. Un lema que rimaba con su nombre y el de su esposa.

Y, si nos fijamos bien, veremos que el yugo del escudo del águila incluye un cabo desatado o cortado… 😉

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Teo Fernández Vélez


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