Autor: Érase una vez Córdoba

Corduba: El orgullo del Betis

Corduba: El orgullo del Betis

Era capital de la Bética (provincia sur de la Hispania romana, que tomaba su nombre del río Betis -Guadalquivir-). Poseía un sistema de cloacas tan sofisticado para su época que actualmente continúa en uso en algunas calles de la ciudad. Imitadora de Roma, se la dotó de un foro “nuevo” con mármol traído de las canteras imperiales de Carrara. En sentido inverso, suministraba a la capital el mejor aceite del Mediterráneo. Contaba, además, con algunos de los edificios de espectáculos más grandes que existieron en la Antigüedad.

Etc., etc…

Tal era el esplendor de Corduba.

Fundada en el siglo II a.c. por el general Claudio Marcelo, su espectacular legado ha quedado enterrado por el paso de los siglos, y en gran medida eclipsado por el esplendor del Califato Omeya. Algunos ejemplos, como los restos del templo romano, pueden verse libremente. Otros (como el de la imagen) se integran adecuada y discretamente dentro de edificios particulares.

Sin embargo, la mayoría se encuentra bajo nuestros pies.

Por eso lo recuperamos para ti adentrándonos en el subsuelo de la ciudad en nuestra ruta Córdoba Subterránea.

Acompáñanos: Desciende al pasado.

Próximas ediciones: sábados 19 y 26 de agosto. Más info aquí.

GarabaTEOs (IX): El reloj del amor

GarabaTEOs (IX): El reloj del amor

(Escrito con el que nuestro Director, Teo Fernández, participó en el Concurso de relato breve del Museo Arqueológico de Córdoba del año 2015, y que fue publicado en nuestro antiguo blog en marzo de 2016)

Era el cortejo de los museos. La danza del amor en las galerías de arte.

Nos mirábamos de soslayo o fingiendo casualidad, y nos deteníamos ante la misma obra, simulando observarla, cuando en realidad estábamos pendientes el uno del otro.

La situación se prolongaba, en ocasiones absurdamente, hasta que uno de los dos consideraba que ya había esperado bastante y se alejaba. Entonces, andurreábamos por separado por la sala, aparentando prestar atención a otras piezas, pero siempre pendientes de ante cuál reencontrarnos para contemplarla también juntos.

Una vez, al cruzarnos, incluso me dedicó una leve sonrisa…

Pero el gran momento tuvo lugar ante la estatua de Afrodita: nos pusimos tan cerca que nuestras manos, que colgaban junto a nuestras respectivas caderas, se rozaron por las caras externas. Fue como un mensaje de la diosa del amor. Si ya había tenido varias oportunidades para entablar conversación, aquella fue la ideal: pero, una vez más, me paralizó la timidez.

Al final, tras un largo rato de flirteo mudo por el museo, ella se marchó. Mientras su silueta se alejaba, pude percibir en ella una postura de cierta decepción, sin duda causada por mi falta de iniciativa para haberla abordado.

Esa noche no pegué ojo. Me la pasé maldiciendo aquella indecisión y me prometí que volvería allí, a buscarla, rezando para que fuese de Córdoba y tornase; y, si estaba de paso en nuestra ciudad, para que por algún error de los dioses, del Universo o de lo que sea que nos rija, reapareciese en el mismo lugar. ¿Acaso no había ya conspirado esa Fuerza para que coincidiéramos la primera vez?

Y, a fin de cuentas, era lo único que podía hacer: Esperarla.

Así, cada día, a la misma hora, yo regresaba a nuestro fugaz nido de amor. Repetía la misma luz del crepúsculo ante la que habíamos coqueteado en silencio y veía desplazarse las mismas sombras según iba cayendo el sol, como si fuesen las particulares agujas del reloj del edificio. Todo ello ante la inexcrutable mirada de Afrodita.

Empecé a saberme el museo a pies juntillas. Memoricé, sin pretenderlo, las cartelas de las piezas de mi alrededor. Llegué a reconocer el sonido de los pasos de cada vigilante, las edades de los colegios en función del griterío que se escuchaba a su llegada y los distintos olores (en algunos casos no muy agradables) de los turistas de cada país.

Pero ella no volvía. Así que, por si acaso, empecé a pasar cada vez más tiempo allí, hasta consumar la jornada completa. Era lo único que podía hacer: Esperarla.

Los trabajadores de la institución se habituaron a mi presencia. Llegó un momento en el que no me saludaban, pues me confundían con una pieza más de la colección. Por lo cual también dejaron de obligarme a marchar al cerrar el edificio. Y comencé a pasar las noches en el mismo.

Todo por ella. Siempre aguardando junto a la Afrodita que había unido, aunque fuese tan fugaz como levemente, nuestras manos. La Afrodita que, por algún tipo de milagro pagano, la traería de vuelta algún día. Por eso yo no debía alejarme de allí…

Los visitantes me veían tan integrado en el entorno que empezaron a creer que yo era una estatua y buscaban a mi alrededor una cartela descriptiva. Los museólogos, a cuyos oídos había llegado mi historia, decidieron colocarme una: Hombre esperando por amor. Finales del siglo XX. Procedencia desconocida. El nombre era más típico de un museo de arte contemporáneo, pero resultaba tan adecuado que, como buena estatua, no rechisté.

Incluso las limpiadoras me quitaban el polvo. Y no voy a negar que me venía bien, tras tanto tiempo sin moverme del lugar. La cosa me gustó menos cuando un restaurador planteó hacerme algún arreglo… Afortunadamente, la reforma quedó en corte de pelo, afeitado y manicura, todos ellos celebrados por mi parte, pensando siempre en el ansiado reencuentro. Porque yo seguía esperándola.

Empecé a calcificarme y a sentirme cada vez más indentificado con las esculturas. ¡Quizá el origen de todas ellas había sido el mismo! Quizá ellas algún día también esperaron a un amado. Por eso le propuse a Afrodita un trato para que trajese de vuelta a la mía. Le prometí llenar también su vacío buscándole un buen Ares. Un Ares que estuviese vivo y coleando. Pero el proyecto no le convenció.

Así que allí seguí…

Hasta que al final, debido a mi tan romántica como perenne inmovilidad, me convertí en estatua. En una aguja más del reloj; en este caso, con un mecanismo impulsado por el amor. Y mi historia pasó a ser otra sombra de los atardeceres del museo.

Con una nueva cartela que rezaba un nuevo nombre: Amor eterno convertido en piedra.

Teo Fernández Vélez ©

(Texto registrado)

 

Santa Eufemia de Córdoba y Santa Eufemia de Italia

Santa Eufemia de Córdoba y Santa Eufemia de Italia

Ya leíste en este mismo blog la leyenda que relaciona a la localidad cordobesa de Santa Eufemia con los dos núcleos del mismo nombre que se encuentran en la Calabria italiana y que justifica su gentilicio: “calabreses”. Si no es así, puedes leerla aquí.

También posiblemente viste, hace tiempo, el vídeo de la entrevista en PTV Córdoba a Miguel Torres Murillo, cronista oficial de la villa cordobesa. En ella desgrana la realidad tras la leyenda. Por si acaso, te lo adjuntamos más abajo 🙂

Pero ahora ha llegado el turno a Italia. Son los calabreses (los de allí) los que están poniendo en valor y divulgando este curioso nexo histórico. De ello se hizo eco La voz de Córdoba en este artículo.

Y, si quieres descubrir otras tradiciones y leyendas de nuestra ciudad, no te pierdas nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba 😉

Dos años de nuestra etapa en Mercado Victoria

Dos años de nuestra etapa en Mercado Victoria

Hoy se cumplen dos años de que comenzásemos una preciosa etapa en Mercado Victoria. De agosto a noviembre de 2015  gestionamos en este centro gastronómico un punto especialmente centrado en nuestras actividades pero también ofrecía información turística y cultural general de la ciudad.

En ocasiones, además, lo tematizábamos por semanas, como la semana de Julio Romero de Torres o la semana de los patios (imagen inferior).

Fueron unos meses enormemente enriquecedores para Érase una vez Córdoba, que ahora no sería lo que es sin aquella experiencia. Por eso querísmos recordarla. Muchas gracias por permitirnos vivirla 🙂

 

Aquella Kurtuba de Las mil y una noches

Aquella Kurtuba de Las mil y una noches

El año pasado celebramos los 1300 años de Córdoba fuese designada como capital de Al-Andalus. A partir de ese momento nuestra ciudad comenzó un crecimiento demográfico, económico y cultural la convertiría en una de las más importantes de occidente.

La gran Mezquita Mayor (hoy Catedral) o los restos de Medina Azahara son los principales testigos materiales de aquella urbe. Sin embargo, tenemos otros guiños la misma, como los mágicos personajes hoy recordados en esculturas o nombres de calles.

Volvemos a compartir con vosotros (bajo estas líneas) el reportaje que realizamos junto a PTV Córdoba sobre la exposición conmemorativa que se organizó en el Museo Arqueológico. Y, si quieres descubrir esos personajes, así como leyendas y tradiciones de la Mezquita y su entorno, no te pierdas nuestro paseo guiado La Córdoba de Las mil y una noches el próximo jueves 27 de julio (más info aquí).

¡Sube a nuestra alfombra mágica! 🙂

 

La leyenda de la conquista de Santa Eufemia

La leyenda de la conquista de Santa Eufemia

Hay en lo más al norte de Andalucía un enclave coronado por un castillo de origen árabe. Un castillo que controlaba el que, durante siglos, había sido lugar de paso desde las minas del actual Almadén hacia el Guadalquivir o el Mediterráneo; zona de famosos castros íberos y de la misteriosa ciudad de Solia.

Ese castillo estaba tan elevado y bien protegido que, durante el avance cristiano desde el norte, resultaba imposible de reconquistar a las huestes de mercenarios de Alfonso VII de Castilla. Por eso, estas decidieron apostarse en una llanura junto a un río cercano para reponer fuerzas y esperar a que sus enemigos carecieran de provisiones.

Además, ya que los treintaitrés miembros del pelotón provenían de la región más al sur de la Península Itálica, Calabria, donde existen dos localidades que llevan el nombre de Santa Eufemia (su virgen más venerada) se encomendaron a ella para conseguir tomar la fortaleza infiel.

Sorprendentemente, sus plegarias obtuvieron recompensa: en mitad de la noche, Santa Eufemia se les apareció, indicándoles por dónde podrían acceder al castillo sin ser vistos, y así lo hicieron. Por ello, una vez reconquistado el lugar, su nombre pasó a ser precisamente Santa Eufemia. Y su gentilicio, cómo no, calabreses.

Y también por eso, todavia hoy, cada Domingo de Resurrección, la hermandad de dicha virgen (“La Santa”), formada por treinteitrés miembros, celebra una romería en la que la acompaña al ritmo de tambores militares hasta una ermita construída en el lugar donde se apareció a los soldados.

Teo Fernández Vélez

(Información registrada)

Si quieres descubrir otras de nuestras mágicas historias, no te pierdas la ruta nocturna Leyendas de Córdoba.

*Artículo publicado en nuestro antiguo blog el 23 de abril de 2013  **Imagen: lospedroches.org

¿Hubo brujas en Córdoba?

¿Hubo brujas en Córdoba?

 

La tradición señala que el barrio de Santiago era el de las brujas en Córdoba. También susurra que fue allí donde se alojaron los templarios, si es que estuvieron en nuestra ciudad. Esas callejas esconden viejos secretos, como la alcantarilla mágica de la que hace siglos emanaba un fabuloso olor. Y también rincones abominables como el antiguamente llamado Panderete de las Brujas, donde, según se dice, tenían lugar aquelarres y otros acontecimientos malditos.

Por eso, en nuestro deseo de ofrecer actividades novedosas, en verano del 2014 creamos en torno a este barrio la ruta nocturna Brujería y hechicería en Córdoba, cuya próxima edición será el martes 18 de julio (info aquí). Y también por eso, en nuestra intervención mensual del mítico programa radiofónico Otros Mundos de junio de 2015, por la proximidad de la noche de San Juan, hablamos sobre este barrio y sobre uno de los personajes más diabólicos de nuestra historia local. Puedes escuchar el audio aquí (desde el 122).

Y si quieres conocer este tipo de mágicas historias, puedes dejar tu correo electrónico en la casilla indicada para ello más abajo y recibirás gratuitamente los nuevos artículos del blog y nuestra agenda de actividades.

Descubre Córdoba con Érase una vez Córdoba.

¡Que no te engañen con imitaciones! 🙂

Córdoba y Roma (II): La iglesia de Montserrat

Córdoba y Roma (II): La iglesia de Montserrat

La Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma es, como su nombre indica, la iglesia nacional de España en la capital italiana.

Encontramos en ella la curiosa copia de la Virgen de Montserrat del santuario catalán (imagen al final del artículo), así como afamadas tumbas: la de Calixto III y Alejandro VI (los dos Papas Borgia) y la ahora vacía de Alfonso XIII, cuyos restos fueron trasladados a El Escorial. Ambas se encuentran en la misma pared, tal y como puede verse en una de las imágenes centrales.

Pero nos interesan más otras lápidas. Concretamente, las de cordobeses, como la que se encuentra junto al altar mayor:

Aquí yace el cuerpo del muy noble varón Francisco de Valenzuela, natural de Córdoba, Caballero de la Orden de Santiago, gentil hombre y criado de la Casa Real del invictísimo Carlos V, Emperador Rey (…)

 

Muchas de estas lápidas son cenotafios; es decir, no contienen restos. El motivo de ello radica (exceptuando el particular y mencionado caso de Alfonso XIII) en que hace apenas dos siglos, esta iglesia, entonces llamada Santa María de Montserrat, se fusionó con otra: la de Santiago, que fue clausurada. Y nació así el nombre actual del templo, mezcla de ambos.

Por este acontecimiento, la mayoría de las tumbas que había en Santiago fueron removidas, y, sus restos, reunidos y trasladados. De esta forma, muchas lápidas y monumentos, aun igualmente llevados a Montserrat, quedaron descontextualizados y normalmente no pueden ser contempladas por el público general.

Como la que podéis ver justo bajo estas líneas, también para un cordobés… 😉

Teo Fernández Vélez

 

Si quieres descubrir otras curiosidades de tu ciudad, no te pierdas nuestras visitas guiadas 🙂 

Info aquí.

Córdoba y Roma (I): El monte Testaccio

Córdoba y Roma (I): El monte Testaccio

Al sur del Aventino (una de las sieste famosas colinas de Roma) existe otro montículo, más pequeño, llamado Testaccio, al que corresponde la imagen superior.

¿Cuál es el origen de su nombre?

Testa significa, en latín, teja o vasija de arcilla, así como fragmento de las mismas. Y se da el caso de que el monte se formó por la acumulación (organizada y, en gran medida, planificada) de fragmentos de ánforas que llegaban al vecino puerto del río Tíber y eran desechadas una vez vaciadas. De ahí Testaccio, que vendría a ser el monte de los testae (plural de testa). De hecho, hoy en día, los romanos lo llaman, popularmente, de forma casi idéntica pero en italiano: monte dei cocci.

 

¿Qué tiene esto que ver con Córdoba?

Pues, según pudieron comprobar los arqueólogos, la mayoría de estos testae correspondían a ánforas de aceite que provenían de la zona sur de España (provincia Bética, así llamada por el río Betis -Guadalquivir-).

Y, claro está, si de aceite del sur de España se trata…

Conclusión: ¡La a veces llamada octava colina de Roma se conformó en gran medida por las ánforas que eran enviadas desde nuestra ciudad hace casi dos mil años!

Teo Fernández Vélez

Si quieres conocer  otras curiosidades de Córdoba (leyendas, tradiciones, restos romanos subterráneos…) no te pierdas nuestras rutas guiadas por la ciudad. Puedes ver la info en nuestra web haciendo click aquí.

  *Fotos: Imago Romae y Wikipedia.

Origen simbólico y mitológico del traje de flamenca

Origen simbólico y mitológico del traje de flamenca

La semana pasada llegó a mis oídos una curiosa teoría sobre la simbología del traje de gitana. Tras haberla investigado un poco, no se me ocurre mejor fecha que estos días de feria para compartirla con vosotros. Cierta o no, he escuchado cosas mucho más rocambolescas y rebuscadas que se han dado por ciertas. Y, a fin de cuentas, es tan hermosa que podemos aplicar aquel dicho italiano de “se non è vero, è ben trovato” (“si no es cierto, queda bien”).

Antes de nada quiero aclarar mi ignorancia sobre el mundo de la moda y el vestido, por lo que empleo los términos vestido/traje y gitana/flamenca indistintamente. Pido disculpas por los errores o imprecisiones que ello pueda suponer.

Pues bien, a lo que iba: En la Antigüedad existió el culto a diversas diosas similares relacionadas con la feminidad: Astarté, por ejemplo, era la diosa fenicia equivalente a las Ishtar o Inanna mesopotámicas, a la Tanit cartaginesa, a la Afrodita griega y a la Venus romana. Es decir, a grosso modo, todas eran diosas de la belleza, de la feminidad, el amor carnal y la fertilidad.

Para muchas de ellas, especialmente para la propia Astarté y para Inanna, se utilizó como símbolo la roseta, pues la rosa fue (y sigue siendo) la alegoría del amor y la belleza. Por ello, opiniones más aventuradas relacionan a estas divinidades también con la Virgen María cristiana,  cuyo símbolo en un tiempo fue la misma flor. Sin embargo, los valores e iconografía de María parecen más equivalentes a los de Diana-Artemisa y Minerva-Atenea, por lo que la cautela nos hace dejar aun lado, por ahora, esta opción. Además, este elemento decorativo era paralelamente muy empleado en Europa, sobre todo por los celtas, en este caso aludiendo al sol y, por ello, al nacimiento y a la resurrección.

Si nos remitimos a la más famosa representación de la mencionada pléyade, nos encontramos con el Nacimiento de Venus de Botticelli, en el que observamos la llegada de la diosa según lo cuentan los textos: surgida de la espuma del mar (realmente, esta obra, a pesar de su nombre, representa la llegada de Venus y no su nacimiento; pues, sobre este, existe más de una versión).

Es por ello que hay quien observa en el vestido de gitana la hermosa simbología del culto a la belleza de la mujer: en la parte inferior, los volantes no dejan de ser unas rosetas, el comentado milenario símbolo de aquellas diosas (o incluso serían un guiño a las olas del mar). Y de ellos emerge la parte más ceñida, que ofrece la feminidad física en todo su esplendor.

Por tanto, quien se lo enfunda resulta otra bella Venus que surge de la espuma de las olas… Por eso, ¿acaso existen muchas cosas más femeninas que un vestido de flamenca?

…Se non è vero, è ben trovato…

Teo Fernández Vélez

(Publicado origialmente el 9 de mayo de 2014)

Si quieres conocer más tradiciones vinculadas a nuestra Feria, no te pierdas los días 20 y 27 de mayo nuestro paseo guiado Érase una vez… la Feria de Córdoba. Y, para descubrir otras historias mágicas de tu ciudad, puedes elegir nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba 🙂