Autor: Érase una vez Córdoba

El monumento al Gran Capitán que pintó Julio Romero de Torres

El monumento al Gran Capitán que pintó Julio Romero de Torres

En 1915, Julio Romero de Torres presentó a una Exposición Nacional, entre otras obras, el conjunto Poema de Córdoba (Museo Julio Romero de Torres). Se trata de un sencillo retablo formado por siete paneles que representan las que él consideró siete dimensiones culturales de Córdoba a lo largo de la historia: Córdoba Judía, Córdoba Barroca, Córdoba Torera… Todos ellos, excepto el central, repiten el mismo esquema: representan a una mujer que encarna a esa cultura y al fondo aparece un monumento ideal al personaje de la misma más representativo nacido en Córdoba: Góngora, Osio,  Maimónides, etc.

Y hay un par de cosas que llaman la atención casi a primera vista. Por un lado, que a esos personajes luego la ciudad efectivamente les realizaría un monumento (si bien estéticamente no tienen por qué tener nada que ver con los que vaticinó Julio Romero de Torres, como el Maimónides colocado en plena antigua Judería justo 50 años después). Por otro, se echa en falta la Córdoba Musulmana.

Pero el primer panel del conjunto empezando por la izquierda (según lo ve el espectador) tiene mucho que matizar en esos dos aspectos. Se trata de Córdoba Guerrera, con monumento dedicado a Gonzalo Fernández de Córdoba, “el Gran Capitán”.

En primer lugar, en el boceto de Poema de córdoba, fechado en 1913 y que se encuentra en Museo Carmen Thyssen Málaga, el personaje de Córdoba Guerrera no es el Gran Capitán, sino … ¡Almanzor! Por lo que en principio ese panel estaría dedicado a la Córdoba musulmana. ¿Por qué el autor cambió el tema en el definitivo? Pues probablemente porque en 1915 se cumplían 400 años del fallecimiento de Gonzalo Fernández de Córdoba y el pintor quiso sumarse así al homenaje que le realizó toda la ciudad. De hecho, la mujer respectiva del panel aparece ataviada con un cierto regusto “árabe” y uno de los edificios que se ven al fondo de la composición es la Mezquita-Catedral. Es decir: parece que Julio Romero de Torres cambió de opinión con el cuadro ya avanzado y sólo tuvo tiempo de modificar la dedicación del monumento que pintaba, manteniendo el resto de la composición algunos elementos claramente andalusíes.

En segundo lugar, se da el caso de que el monumento al Gran Capitán obra de Mateo Inurria que hoy tenemos en Plaza de las Tendillas es el que más tempranamente se realizó en la ciudad de todos los que Julio Romero anticipó. De hecho, la idea venía de antes y su último “empujón” estuvo motivado por ese mismo cuarto centenario, inaugurándose en su ubicación original (junto al actual Corte Inglés) en 1923 (por cierto, con la cabeza en mármol desde un principio, como ya comentamos en este artículo en La Voz de Córdoba).

Lo extremadamente interesante en mi opinión es que, si bien el monumento definitivo de Inurria difiere del Gran Capitán de Córdoba Guerrera, el proyecto del mismo escultor que estaba en vigor unos años antes (justo cuando Julio Romero pinta el panel) se parece algo más; por ejemplo, presentaba un basamento mucho más estilizado que nos recuerda al de Poema de Córdoba. Parece posible, pues, que hubiera alguna influencia de una obra de arte a la otra. En ese caso, se antoja más probable que fuera Romero de Torres quien se inspirase en ese proyecto de Inurria; pero, al modificarse luego este, ambas obras se parecen entre sí menos de lo que el pintor habría pretendido.

Todas esas cuestiones fueron las que me llevaron a diseñar la última actividad de Érase una vez Julio Romero de Torres 2018, celebrada en Montilla (lugar de nacimiento del Gran Capitán). Fue un coloquio que tuve el honor de moderar y en el que intervinieron tres grandes conocedores de flancos desde los que me interesaba abordar el asunto: Uno fue el periodista de origen montillano Francisco Solano Márquez Cruz, quien desgranó todo el proceso de planificación y construcción del monumento de Mateo Inurria, detallando cómo era, entre otras cosas, ese proyecto que se parecía algo más al Gran Capitán de Córdoba Guerrera. Otro, el historiador Juan José Primo Jurado, que recordó la relevancia de aquella celebración en Córdoba del cuarto centenario y apoyó la hipótesis de que el cambio de Almanzor a Gran Capitán se debiera a dicha efeméride. Por su parte, el también historiador Ángel María Ruiz Gálvez  repasó la relevancia y simbolismo del personaje del Gran Capitán y las referencias a la nobleza y mundo guerrero que Julio Romero incluyó en el panel (además de hacer algún guiño ecuestre, toda vez que es el único cuadro de Julio Romero de Torres en el que se representan caballos). Más abajo tienes una breve noticia del evento gracias a Montilla TV.

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Teo Fernández Vélez (Texto registrado)

 

Teo Fernández recomienda… Long Rock

Teo Fernández recomienda… Long Rock

Conocí a los chicos de Long Rock hace un lustro a través de la Asociación de Jóvenes Empresarios. Antes, había ido a su local cientos de veces pero ignoraba, por ejemplo, que fuesen originarios de Linares. De hecho, a día de hoy tienen tres espacios con ese nombre: el primigenio en la mencionada localidad jiennese, el de Córdoba y otro en Sevilla, que es el de más reciente apertura. Todos ellos fieles a un mismo sonido, estilo y estética.

Hay dos cosas que me llaman poderosamente la atención de Long Rock Córdoba: Una es que llevan once años con las puertas abiertas. Todos sabemos que el ocio de nuestra ciudad oscila mucho según la moda de cada momento, pero ellos han sabido mantenerse como uno de los locales nocturnos de referencia siendo ya uno de los de mayor antigüedad. La otra es que allí puedes encontrarte al mismo tiempo gente de prácticamente cualquier edad; desde 18 hasta 70 años. Me recuerda a las recomendaciones de los juguetes: de 0 a 99…

A pesar de ello, creo que a los cordobeses aún les queda mucho Long Rock por descubrir. Por ejemplo, la mayoría no sabe que abre casi todas las noches de la semana y también muchas tardes (ambas cosas dependen de la época del año). Incluso en determinados eventos, como el ciclo de conciertos Órbita acústica, sirven comida. Para estar al día de todo ellos os recomendamos que los sigáis en Facebook o Instagram.

Para hacer vuestras noches (y tardes) mucho más… Longs 😉

Presentación Érase una vez Julio Romero de Torres 2018

Presentación Érase una vez Julio Romero de Torres 2018

Esta mañana hemos presentado, junto a Francisco Alcalde (Delegado de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía), Carmen M. Gómez (Diputada de Turismo), José María Palencia (Director del Museo de Bellas Artes de Córdoba) y Leopoldo Izquierdo (Director del Palacio de Viana) el programa de actividades Érase una vez Julio Romero de Torres 2018. El acto ha tenido lugar en un sitio tan emblemático como el estudio del pintor.

Esta agenda, que toma el sobrenombre de “el mes de Julio Romero”, es impulsada y coordinada por Érase una vez Córdoba desde 2014 en torno al 9 de noviembre (fecha de nacimiento del pintor) y a ella se suman diversas entidades públicas y privadas. Este año son las mencionadas Junta de Andalucía, Diputación de Córdoba y Palacio de Viana – Fundación Cajasur, además de Ayuntamiento de Montilla, Grado de Gestión Cultural de la UCO,  AEHCOR y Guía GO!

Una de las principales novedades es la incorporación de la Junta de Andalucía, que organiza dos actividades, siendo una de ellas la proyección de la película Julio Romero de Torres de Julián Torremocha, que no se ha mostrado nunca con locución (es muda) y sí lo hará en esta ocasión.

Tienes aquí todo el programa de actividades 🙂

Aquí la memoria de ediciones anteriores 😉

Y el acto de presentación casi completo (en el vídeo, desde el comienzo hasta el minuto 4 y desde el 8 hasta el final):

¿Hacia dónde se orientan realmente la Mezquita y las iglesias de Córdoba?

¿Hacia dónde se orientan realmente la Mezquita y las iglesias de Córdoba?

Hace unos meses consulté a Salma Al Farouki (musulmana “de mundo”, residente en Córdoba e impulsora de proyectos como Casa Andalusí) que a qué se debía, en su opinión, el hecho de que la antigua Mezquita Aljama de nuestra ciudad no estuviera orientada a La Meca (la orientación del edificio, como muchos sabréis, es un poco más hacia el sur).

Supuse que me respondería destacando alguna de las variadas teorías al respecto: la adaptación al espacio del edificio previo (o sea, al solar), algún guiño a la ciudad de la que provenía Abderramán I (Damasco) o su mezquita mayor, la plasmación de su desapego a la nueva dinastía reinante (los abasíes), la simbología del río y el agua, etc… Y que esa elección me serviría de referencia para cuando mis clientes de visitas guiadas por Córdoba me consultasen al respecto.

Sin embargo, la respuesta fue aplastante por sencilla. Y me recordó a lo a menudo que, sobre todo en el mundo académico, se le da excesivas vueltas a las cosas. Salma me respondió “es que para nosotros eso (la imprecisión de dicha orientación) no es tan importante”.

No era la primera vez que un musulmán me argumentaba algo así. Me había ocurrido, por ejemplo, con clientes (turistas) turcos, que me afirmaban que el edificio estaba ¡bien orientado! aclarando que “está más o menos hacia allá, y ese detalle nos vale”. Pero la convicción y naturalidad con la que me lo dijo Salma (unido a su evidente conocimiento de la historia de Al-Andalus y la cultura islámica a nivel internacional) fueron reveladores.

Y ello me hizo caer en la cuenta de que la mayoría de los cristianos desconocen que las iglesias también deben (y, sobre todo, debían) tener una orientación precisa: el este. Es decir, los fieles de la religión más extendida en nuestro país no le dan importancia a ese asunto, por lo que quizá no tenga sentido darle tanta al de la Aljama de Qurtuba.

Es este un tema (el de las iglesias) que me ha ocupado largas conversaciones con mucha gente, desde Lázaro Gila Medina (mi profesor de Historia del Arte Moderno en UGR) en la década pasada hasta Jesús Daniel Alonso (sacerdote, historiador y profesor de Historia de la Iglesia en Córdoba en el seminario) en los últimos dos años. Incluido el trayecto de un viaje desde Granada hasta Córdoba con el periodista Jesús Cabrera hace unos días.

No quiero meterme en consideraciones litúrgicas, pero resulta obvia la simbología de que la cabecera del templo cristiano se oriente al este (el sol naciente, etc.). Sin embargo, yo creía recordar, de mis tiempos de Historia Arte Medieval en la UCO con el profesor Fernando Moreno Cuadro o de Arqueología Cristiana Antigua en Università Roma Tre, que las primeras iglesias (o algunas de ellas) se habían orientado al oeste. De hecho, así lo hace el más famoso templo cristiano del mundo: San Pedro del Vaticano.

A menudo me han intentado justificar esta peculiaridad de San Pedro argumentando el desnivel del terreno sobre el que se asienta o el hecho de ser un edificio martirial. Hasta que me di cuenta de que yo recordaba bien (o, al menos, medianamente bien), y hay más templos  paleocristianos que tienen la misma orientación hacia Poniente. Sin salir de Roma, tenemos, por ejemplo, Santa María Mayor o San Juan de Letrán, catedral de la Ciudad Eterna. Y varios más.

Por tanto, lo de San Pedro no es una excepción absoluta por su singularidad, sino que corresponde al hábito de un periodo y tipología constructiva determinados. Pero, efectivamente, desde el siglo IV se impondrá la orientación al este (parece que sobre todo debido a las Constituciones Apostólicas), costumbre que se relajará a partir del siglo XVI con la Contrarreforma, si bien en muchos casos se seguirá teniendo en cuenta. A grandes rasgos, podríamos decir que es una característica de los templos cristianos medievales.

¿Qué ejemplos tenemos en Córdoba?

Voy a obviar los edificios de culto cristiano previos a la llegada del Islam en el siglo VIII. ¿Motivo? La emotividad, que es mayor enemiga de todo análisis que la falta de datos. Pues habría que hablar, por ejemplo, de la basílica de San Vicente (muy de moda estos días) o de los espacios de culto de Cercadilla. Me creáis o no, la tensión sobre qué fue o dejó de ser el yacimiento arqueológico de Cercadilla es incluso mayor que la de si existió o no San Vicente. Lo sé por experiencia propia.

Pero resulta claro que las iglesias erigidas tras la conquista cristiana de 1236 y hasta el siglo XVI se orientan al este. Y también muchas posteriores, claro, aunque la mayoría dejarán de hacerlo.

Centrándonos en ese periodo, tenemos los correspondientes a las parroquias fernandinas de San Nicolás de la Villa, San Miguel, San Pedro, la Magdalena (desacralizada en el siglo XX), San Juan de los Caballeros (aunque hoy ya no es parroquia), Santa María (la Catedral), Santa Marina, San Lorenzo, San Andrés (actualmente su interior no se orienta al este debido a una reforma posterior) y Santiago (en la imagen se observa como el sol del atardecer entra por el rosetón e ilumina el altar mayor). Los templos de las demás parroquias fernandinas se han perdido completa o casi completamente.

Idéntica orientación muestran los de sus contemporáneos monasterios San Pedro el Real (hoy parroquia de San Francisco y San Eulogio) y San Pablo, así como con el algo posterior San Agustín, la colegiata de San Hipólito, etc., etc., etc…

Siempre hay excepciones, claro. Aunque en nuestra ciudad son un poco rebuscadas. Por ejemplo, me viene a la cabeza que, si la sala Oeste del Museo de Bellas Artes (la que da a la Plaza del Potro) era el templo del antiguo Hospital de la Caridad, su eje es norte-sur y no este-oeste. Aunque, sin duda, resulta un caso tardío que casi se confunde con la época en la que esta costumbre se hace más laxa.

La cuestión es que, incluso a los que conocemos esta coyuntura, NO nos sorprende si alguna iglesia medieval no tiene su cabecera cien por cien hacia el este. Por ejemplo, Santa Marina o San Lorenzo muestran una evidente desviación hacia el noreste. Así que quizá Salma lleva razón. Quizá, como los cristianos, en la práctica los musulmanes tampoco le dan tanta importancia a este tema. Y lo que ocurre es que, entre la necesidad de destacar la anécdota (el chascarrillo turístico) y el desconocimiento (en gran medida justificable) de la tradición cultural propia, simplemente… los cordobeses buscamos cosas donde no las hay.

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Teo Fernández Vélez ©

(Texto registrado)

Teo Fernández recomienda… el Salón de Salma

Teo Fernández recomienda… el Salón de Salma

Salma Al Farouki es conocida en Córdoba por su trabajo en favor de la recuperación y divulgación de la cultura musulmana. Su iniciativa más reciente ha sido Al-Iksir Museo de la Alquimia, si bien con la que más se la identifica en la ciudad es, sin duda, con la Casa Andalusí. Lo que mucha gente desconoce es que el maravilloso Salón de Té de calle Buen Pastor número 13 también fue y es un proyecto suyo. Una vez me dijo que lo creó con la intención de “que hubiera un sitio agradable donde pudieran ir las familias de turistas con los niños a descansar un rato y tomarse algo”.

Abierto hace dos décadas, el espacio ha sufrido unas leves reformas en los últimos meses: ha pasado a llamarse Salón de Salma y a la magia que esta le imprimió se ha sumado la dinámica visión de Manal Timraz, palestina de origen (al igual que Salma) y que tiene negocios de hostelería en la propia Palestina, Inglaterra y Lituania. Precisamente por ese bagaje restaurador que atesora,  Manal (conmigo en la imagen) hace mucho hincapié en que, a pesar de concebirse hasta ahora como un salón de té, siempre ha sido también restaurante. Su dimensión internacional también se ha enriquecido con María, una encargada que es la mejor relaciones públicas posible gracias a su extrovertido carácter y los cinco idiomas que habla.

Por todo ello, no podéis dejar de conocer este precioso rincón y su fantástica cocina árabe (y, aunque ya lo conozcáis, tenéis que ir a descubrir los últimos cambios) 🙂

 

Teo Fernández Vélez

Diez mentiras de la Historia de Córdoba que te cuentan como si fueran verdad

Diez mentiras de la Historia de Córdoba que te cuentan como si fueran verdad

En Érase una vez Córdoba trabajamos a menudo divulgando las leyendas cordobesas con nuestros paseos guiados por la ciudad. Pero una cosa es contar leyendas para saborear su encanto (recordando que son eso, leyendas) y otra muy diferente repetir mentiras asentadas en el imaginario colectivo como si fueran verdad. Mentiras con tanto abolengo que no sólo el profano, sino también guías turísticos, profesores o periodistas repiten sin cuestionarlas. Hoy he seleccionado las diez que más a menudo han llegado a mis ojos y oídos. Un par de ellas también las creía y transmitía yo en su momento. Pero de eso se trata: no de ser perfectos e infalibles, sino de aprender y mejorar cada día en nuestro trabajo. Por eso, precisamente, las comparto. Para que las aclaraciones puedan servirle también a otros. Espero que os gusten 🙂

 

1.- La casa de Maimónides: He escuchado a decenas de guías explicar que la estatua de Maimónides en plena antigua Judería se encuentra en la hoy llamada Plaza de Tiberíades, junto al Museo Taurino, porque este personaje vivió en ese lugar. Frente a ello, cabría señalar que la Judería de la que hablamos se definió tras la conquista cristiana de 1236, es decir, décadas después del fallecimiento de este sabio en El Cairo, por lo que tal afirmación resulta un inverosímil anacronismo. Como recordaron los arqueólogos Juan Murillo y Alberto León en varias actividades del pasado Noches de Ramadán, no tenemos constancia de la existencia de una judería como tal en tiempos de Maimónides (tiempos de un convulso y cuarteado Al-Ándalus). Sí mencionaron como posible que las distintas religiones y/o etnias se agrupasen en determinadas zonas. En ese caso, algunos indicios hacen pesar en un núcleo judío mucho más al norte que la posterior Judería de época cristiana.

 

2.- La Inquisición en la Corredera: El imaginario colectivo cordobés identifica a la Plaza de la Corredera con la Inquisición y sus hogueras. Sin embargo, había otros espacios más vinculados a esta institución, como su sede (el Alcázar) o el monasterio dominico (San Pablo). Bien es cierto que determinados “juicios” tuvieron lugar en La Corredera, por motivos de aforo, pero lo de que allí se quemaba a la gente es otra cosa. Gonzalo Herreros (investigador del Departamento de Historia Moderna de la UCO y responsable de nuestra ruta guiada La Inquisición en Córdoba) confirma que el lugar habitual para estas ejecuciones era el flanco exterior de la muralla este de la ciudad. Especialmente, el Marrubial (donde hay una zona aún llamada “el quemadero”) y Campo Madre de Dios.

 

3.- La ley de las Holgazanas: Corre como la pólvora la historia de que Isabel la Católica, escandalizada por la cantidad de mujeres adineradas que se pasaban el día sin hacer otra cosa que pasear por los alrededores del Alcázar para poder verla, habría promulgado la llamada Ley de las Holgazanas que impedía que disfrutasen de bienes gananciales en caso de quedar viudas. La ley, efectivamente, existió y estuvo vigente hasta el siglo XIX. Pero siempre he supuesto que este origen de la misma era un “chascarrillo”, al estilo de aquello de que mandó desmontar la noria de la albolafia porque le molestaba el ruido. Por eso, ante la duda, me he ahorrado divulgarla. Y hace poco, mi amigo Ángel María Ruiz Gálvez (investigador del Departamento de Historia Moderna de la UCO) me confirmaba que no existe constancia de que los Reyes Católicos tuviesen ninguna relación (ni siquiera cronológica) con el origen de esta ley.

 

4.- La cabeza del Gran Capitán de las Tendillas: No me voy a extender mucho sobre este tema porque ya lo hice en un artículo de mi columna PaTEOs por Córdoba en La Voz de Córdoba. Pero, resumiendo, todo eso de la cabeza de mármol posterior al conjunto original o que fuera del torero Lagartijo es falso, tal y como destacamos en nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba. La testa que hoy vemos es la original del proyecto de Mateo Inurria de 1915.

 

5.- El Padre Roelas y la peste: En sus Confesiones, el padre Andrés de las Roelas narra que, habiendo caído en una “gravísima y muy prolija enfermedad”, escuchó una voz que en repetidas ocasiones le decía “sal al campo y tendrás salud”. Y finalmente obedeció, dando así el pistoletazo de salida al relato que culmina con el famoso “Juramento” del Arcángel San Rafael asegurando que era el protector de nuestra ciudad. Lo curioso es que en este relato en ningún momento se menciona la peste (excepto casi al final, para referirse a hechos acaecidos siglos antes). Quizá podríamos pensar que esa es la enfermedad que Roelas afirma sufrir, pero en caso de darse ese tipo de epidemias no sería habitual que las puertas de la ciudad estuvieran abiertas y pudiera, como cuenta, entrar y salir de la misma. A pesar de ello, es muy común vincular la historia de Roelas con este mal. Como he comentado muchas veces con Jesús Cabrera (periodista, cofrade y miembro de la Real Academia de Córdoba), bien es cierto que hay otros episodios de nuestro Arcángel, tanto tradicionales como históricos, en los que hay una presencia clave de la peste; pero no aparece nunca mencionada como tal en la historia del Juramento al Padre Roelas.

 

6.- La consagración cristiana de la Mezquita: Quizá esta es la confusión menos destacada, pero no quería dejar de incluirla en el “top ten” (o Top Teo), pues protagonizó una de las preguntas más comentadas del examen para ser guía de la Mezquita-Catedral celebrado el año pasado. Solemos considerar 1236, año de la conquista de Fernando III, como la fecha en la que se dedica la Mezquita Aljama para el culto  cristiano. Y no es incorrecto. Ahora bien, no fue la primera vez que esto ocurrió, pues en 1146 tuvo lugar una fugaz conquista cristiana por parte de Alfonso VII que supuso la primera consagración de la archifamosa Mezquita. Lo detalla el propio Jesús Cabrera en este artículo.

 

7.- Diego López de Haro, Marqués de El Carpio: Desde que Córdoba empezó a poner en valor el edificio de Caballerizas Reales, hemos venido divulgando el error histórico de que el primer Caballerizo Real, Diego López de Haro, habría sido Marqués de El Carpio. La confusión, como bien explicó el mencionado Ángel María Ruiz en unas Jornadas ecuestres organizadas el año pasado por el Ayuntamiento de Córdoba, se debe a que el auténtico Marqués era un primo del Caballerizo… ¡y se llamaban igual! En consecuencia, resulta obvio que el primer Caballerizo no habitó en la Casa del Marqués de El Carpio de calle Cabezas número 5 (más conocida por su fachada-muralla a calle San Fernando). Allí vivía, claro, su homónimo primo marqués. Pero no penséis que moraba en mal sitio: como ya señalase Miguel Muñoz Vázquez, vivía en la que hoy conocemos como Casa del Judío junto al Museo Arqueológico.

 

8.- Góngora y la Casa Góngora: Nos desplazamos apenas unos metros, al edificio anexo a la Casa del Marqués de El Carpio, para desmentir un bulo exprés (y digo exprés por lo rápido que se ha extendido): Que la Casa Góngora, ese centro cultural del Ayuntamiento en calle Cabezas, se llama así porque allí vivió nuestro insigne poeta. Esta mentira, lo creáis o no, ya está escrita en guías turísticas contándola como cierta.

 

9.- Las iglesias fernandinas: Muy a menudo oímos hablar de las llamadas iglesias fernandinas, aquellas supuestamente construidas tras la conquista de Córdoba por parte de Fernando III. Sin embargo, se hace con bastante imprecisión o incluso con errores. Para resumir, señalaré que este monarca creó las parroquias (las collaciones), pero la construcción de los templos respectivos se dilataría tanto en el tiempo que se cuestiona la corrección del adjetivo o atributo de “fernandinos” para los mismos. Por eso mis profesores de la licenciatura de Historia del Arte de la UCO se referían a ellas como “las mal llamadas iglesias fernandinas”. Tienes más información sobre este asunto en otro de mis PaTEOs por Córdoba.

 

10.- El patio de San Basilio 44 (antiguo número 50): Si he escuchado decenas de veces contar a turistas algunos de los puntos anteriores, no exagero si digo que he oído en centenares de ocasiones que el patio de calle San Basilio 44 (hasta hace pocos años, número 50) es de propiedad pública. Y he dejado esta confusión para el final por ser quizá la más enrevesada. Sobre todo porque a menudo se intenta justificar lo insostenible (la supuesta propiedad pública) con la absurda afirmación de que es “de la asociación de todos los patios”. Supongo que se refieren a una hipotética asociación de todos los propietarios. Una asociación que… no existe. Y que, en todo caso, de haberla, sería, como (casi) todas las asociaciones, privada. Por tanto, la falsedad, en este asunto, alcanza varios niveles. La Asociación realmente propietaria del mismo y a la que debemos su mantenimiento es la de Amigos de los Patios Cordobeses (privada y sin ánimo de lucro), creada en 1974 y que, como bien reza el nombre, es “de amigos de los patios”. De hecho, la mayoría de sus socios no son propietarios de patios ni viven en uno y ser parte de esta entidad es su altruista forma de contribuir a la tradición. Ahora bien, como asociación (o sea, entre todos los socios) tiene en su haber los dos patios que compró en su día para salvarlos de la piqueta: el mencionado San Basilio 44 y el de Siete Revueltas 1, más conocido como Casa de las Campanas.

 

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La Plaza del Potro y la (antigua) Plaza del Ángel

La Plaza del Potro y la (antigua) Plaza del Ángel

El triunfo de San Rafael que hoy contemplamos en la Plaza del Potro se encuentra allí desde hace menos de un siglo. Concretamente, desde 1924, siendo su traslado a este lugar la última de las grandes alteraciones sufridas por el cervantino espacio. Debemos recordar que en la Edad Media era más cuadrado, ya que se cerraba por el lado sur con la actual calle Lucano, y que fue a finales del siglo XV cuando se construyó en su lado oriental el Hospital de la Caridad, que redujo considerablemente el tamaño de la plaza.

Siglos después, en el XIX, comenzó otra batería de modificaciones: a mitad de la centuria, en el edificio del Hospital se instalaría el museo que fue germen del Museo de Bellas Artes. Además, la fuente del Potro se trasladaría desde el lado sur de la plaza (donde hoy se encuentra el mencionado triunfo de San Rafael) a su ubicación actual. En 1903 se alargaría eliminando las construcciones que la separaban del río. Y en 1924 se trasladó el San Rafael.

Pero, como hemos dicho, no se realizó en ese momento, sino que se trasladó allí. Entonces, ¿dónde estaba antes?

Existe en Córdoba una plaza que todos conocemos por el nombre del templo cristiano que la preside. Pero su nombre real es otro: Plaza San Ignacio de Loyola. Y su nombre antiguo “Plaza del Ángel”. Me refiero a la plaza donde se encuentra la fachada principal de la Colegiata de San Hipólito. Aquel nombre antiguo, que, como se observa en la imagen, todavía se mantiene indicado junto al oficial, se debe a que era este el lugar en el que había estado originalmente ese monumento a nuestro Arcángel. Curiosamente, antes de las mencionadas nomenclaturas (esto es, antes de existir este Triunfo) sí se llamaba Plaza de San Hipólito.

Teodomiro Ramírez de Arellano lo relata perfectamente en su Paseos por Córdoba (cuando el monumento se encontraba aún en su ubicación original):

“…Salimos a la plazuela del Ángel, donde está la puerta principal de la excolegiata del San Hipólito, que le dio nombre hasta 1772, en que erigieron el triunfo que aún existe, dedicado a San Rafael, en el único ángulo sin salida (…) Este sencillo y precioso monumento era obra del escultor francés don Miguel Verdiguier, morador en una de las casas de la plazuela (…) En el archivo municipal vemos que dicho artista solicitó en 2 de mayo de 1768 que se le concediese por el Ayuntamiento el terreno necesario en la plazuela (…)”

Cabe recordar que Miguel Verdiguier había ya realizado el monumento a San Rafael junto al puente romano por encargo del Cabildo Catedralicio. Pero lo más curioso es lo que Ramírez de Arellano afirma después sobre el triunfo vecino a San Hipólito:

“Tanto por el Ayuntamiento como por particulares se ha pensado muchas veces en la restauración de este monumento, trasladándolo a la vez a un punto donde luciera y sirviese para embellecerlo (…) Nada se ha hecho y mucho tememos que el tiempo destruya aquella obra sin que se utilice en parte alguna”.

Pues unas décadas después se cumplió el deseo de don Teodomiro: en la mencionada fecha de 1924, se trasladó, como hemos comentado, a la Plaza del Potro, donde luce orgulloso y donde quizá, quién sabe, añora aquella otra plaza que un día tuvo su nombre 🙂

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Tradiciones, leyendas y curiosidades de la Mezquita-Catedral de Córdoba: la sinagoga de Salomón

Tradiciones, leyendas y curiosidades de la Mezquita-Catedral de Córdoba: la sinagoga de Salomón

Nuestra Mezquita-Catedral es uno de los más interesantes ejemplos de uso y/o superposición de templos de diferentes religiones: Según la teoría más aceptada, en su lugar se encontraba la basílica visigoda (cristiana) de San Vicente, sobre la cual se construyó a partir del siglo VIII la Mezquita Mayor de Kurtuba. A su vez, esta sería consagrada como Catedral cristiana tras la conquista de Fernando III en 1236, y sufriría diversas alteraciones arquitectónicas en los siglos sucesivos. Pero es posible que la cosa no quedara ahí, pues algunos investigadores plantean la posibilidad de que, a su vez, la Basílica de San Vicente se hubiera construido en el lugar de un templo romano preexistente.

Sin embargo, la leyenda, como tantas otras veces, va más allá en pos de modificar o resaltar un mensaje y su significado, añadiendo un interesante prólogo: la mencionada secuencia se habría desarrollado sobre una sinagoga cuya antigüedad prácticamente se perdería en el tiempo, atribuyendo su fundación nada menos que al rey Salomón. Este acontecimiento mítico se situaría (al considerar que Salomón vivió en torno al año 1000 a.c.) en un momento muy anterior a la fundación de la Córdoba romana, que tuvo lugar en el s. II ac. Es decir: nuestra ciudad no existía aún.

Todo apunta a que se trata de un relato creado en época de Al-Andalus para aumentar el poder simbólico de la edificación de la Mezquita, señalando así que se habría levantado sobre el comentado edificio cristiano de San Vicente, pero también sobre ese supuesto templo judío. Mientras que la atribución de la autoría a un personaje de la relevancia de Salomón no es rara; por ejemplo, la fundación legendaria de nuestra vecina Sevilla fue llevada a cabo por Hércules.

Total, que supuestamente tuvimos a Salomón y Hércules fundando sinagogas y ciudades por el sur de España.

Para que luego digan que los andaluces no somos exagerados… 😉

 

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Teo Fernández Vélez ©

(Texto registrado y publicado en nuestro antiguo blog el 12 de abril de 2015 – Imagen de Salomón: Pedro Berruguete, s. XV)

La calle de los Amortajados

La calle de los Amortajados

La calle Custodio, así llamada por dirigirse desde Pozanco hasta la iglesia del Juramento de San Rafael, señala como nombre antiguo (tal y como puede observarse en la imagen) el de Calle de los Amortajados.

Aunque la primera impresión pueda hacernos suponer que esta denominación (de los Amortajados) habría tenido un origen lúgubre, no fue así. De hecho, el motivo radicó en un sobrenombre que, como tantos otros, resulta incluso simpático. Lo explicaba en el siglo XIX Teodomiro Ramírez de Arellano en su famosa obra Paseos por Córdoba: era el “apodo de unos hermanos a quienes les llamaron así por enjutos y estirados que eran“.

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Teo Fernández Vélez

(Texto registrado)

La serliana del muro sur de la Mezquita-Catedral

La serliana del muro sur de la Mezquita-Catedral

Una de las mayores curiosidades que guarda la fachada sur de la Mezquita-Catedral es la utilización del recurso llamado serliana en el balcón que, según mi amigo Jesús Daniel Alonso, se corresponde con la nave central de la antigua Capilla de San Clemente, donde se reunía el Cabildo y llegaron a celebrarse Cortes de Castilla con la asistencia de Felipe II.

La serliana (término que me retrotrae a mis tiempos de estudiante de Historia del Arte) es un recurso arquitectónico que consiste en la alternancia de arcos de medio punto (media circunferencia) y dinteles (estructuras planas). Normalmente se usaban para pisos completos, aunque podían aplicarse a elementos de menor tamaño. A menudo el desnivel superior resultante se compensaba con la inclusión de círculos y óvalos, como en este caso.

Su nombre se debe a Sebastiano Serlio (1475-1554), arquitecto italiano del Renacimiento que fue el primero en usarla (o, al menos, en escribir y teorizar sobre ella).

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Teo Fernández Vélez

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