Autor: Érase una vez Córdoba

Los tesoros (semi) ocultos de Cajasur

Los tesoros (semi) ocultos de Cajasur

Durante el recién terminado mes de noviembre, dentro de nuestra agenda de actividades Érase una vez Julio Romero de Torres 2017, un total de 170 visitantes han descubierto la sala Tesoros Cajasur del Palacio de Viana.

Este espacio nació en el año 2016 con la intención de acercar a la sociedad cordobesa tesoros artísticos que son propiedad de Cajasur Banco. Es decir, que no corresponden a la herencia histórica del Palacio.

Entre ellos se encuentran dos obras maestras de Julio Romero de Torres:  La Saeta y Amor místico, amor profano. El hecho de que la primera de ellas cumpla un siglo es lo que ha determinado el protagonismo de Tesoros Cajasur en el mencionado programa de actividades, habiendo supuesto no sólo las comentadas visitas, sino también, por ejemplo, que fuera utilizada para el cartel del mismo.

Pero además de las nacidas del pincel de Romero de Torres, la sala alberga otras maravillosas creaciones, como dos lienzos de Valdés Leal (uno de ellos, el famoso San Rafael que el propio Julio copiase en Poema de Córdoba), cuatro de Antonio del Castillo o La Adoriación de los Reyes de Lucas Jordán, que es la única pieza que sí corresponde a la colección del Palacio de Viana en sí.

Un espacio que, aunque no abierto al público de forma continuada, nace del deseo de divulgación cultural de Cajasur Banco y su Fundación, como lo hicieron las visitas al mismo que hemos tenido el honor de guiar todos los sábados del mes pasado.

Un espacio que, como me dijo una vez un visitante, es una enorme suerte que tengamos en Córdoba.

Podéis conocerlo en la web del Palacio de Viana o el segundo episodio de los minidocumentales sobre Julio Romero de Torres que realizamos el año pasado junto a PTV Córdoba:

San Rafael y Romero de Torres: Córdoba al cuadrado

San Rafael y Romero de Torres: Córdoba al cuadrado

San Rafael Arcángel, Custodio de Córdoba cuya festividad celebramos el 24 de octubre, fue llevado a lienzo por nuestro más insigne artista, Julio Romero de Torres, quien nació también en fechas que nos son cercanas: un 9 de noviembre.

Podría ser este un cuadro más de los muchos que el pintor dedicase a representar la dualidad del amor (el sacro/divino frente al carnal/profano). Pero hay una serie de cuestiones, en su mayoría de cariz sensual, que lo hacen destacable. Algunos son:

–  El homenaje a la platería cordobesa a través del pedestal sobre el que se sitúa el Arcángel.

– La extraña (por indecorosa) sensualidad que también desprende el personaje que representaría al amor sacro (mujer de negro).

– La posibilidad de que su postura respecto al Arcángel, como se ha llegado a plantear, tenga connotaciones eróticas.

– La androginia del cuerpo de San Rafael (evidente no solamente en sus facciones, sino también en su cabello y, sobre todo, sus senos), que se ha querido explicar como una plasmación de la “androginia divina”. De hecho, para él utilizó una modelo.

Pero con erotismo o sin él, más allá de estos detalles y de cualquier hipótesis sobre los mismos, la obra resulta especial porque San Rafael y Julio Romero son dos de los elementos culturales más característicos y diferenciadores de nuestra ciudad. Por eso, unirlos supone una mezcla que multiplica lo cordobés.

Unidos son Córdoba al cuadrado.

Teo Fernández Vélez

Descubre el programa de actividades de Érase una vez Julio Romero de Torres 2017 (mes de noviembre) haciendo click aquí.

Vídeo en el que Mercedes Valverde, Directora del Museo Julio Romero de Torres, comenta esta obra:

Presentación Érase una vez JRT 2017

Presentación Érase una vez JRT 2017

El pasado martes tuvo lugar, en el Palacio de Viana, de la presentación de  Érase una vez Julio Romero de Torres 2017 (“El mes de Julio Romero de Torres“), programa de actividades conmemorativo de las fechas del nacimiento de Julio Romero de Torres (9 de noviembre) y de la inauguración de su Museo (23 de noviembre) que desde Érase una vez Córdoba impulsamos y coordinamos todos los años.

En el acto se celebró en el Salón de los Tapices del Palacio de Viana debido a que La Saeta, obra propiedad de Cajasur y que se encuentra en dicho Palacio, cumple un siglo. Por ello ha sido la elegida para el cartel y la foto “protocolaria” tuvo lugar junto a la misma (imagen superior).

Ángel Cañadilla, Director de Fundación Cajasur, destacó que Palacio de Viana ha participado en estas agendas de actividades desde que comenzasen en 2014. Salvador Blanco (Vicepresidente de Diputación), María Luisa Rodas (Concejala Delegada de Patrimonio Histórico y Mujer del Ayuntamiento de Montilla) y David Luque (Concejal Delegado de Turismo del Ayuntamiento de Córdoba) reflexionaron sobre la importancia de la colaboración público-privada, de la que este proyecto es un ejemplo.

Por su parte, Teodoro Fernández, Director de Érase una vez Córdoba, recordó que este programa no sería posible sin la participación desinteresada de las entidades colaboradoras. Este año, además de las ya mencionadas, son: Córdoba Ciudad Mundo (UCO), Fundación PRASA, Mercado Victoria, AEHCOR, Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses y Urban Sketchers Córdoba.

Puedes ver la agenda completa aquí.

 

Microdocumentales Julio Romero de Torres

Microdocumentales Julio Romero de Torres

En otoño del año pasado realizamos, junto a PTV Córdoba y con la colaboración de diversas personas e instituciones vinculadas al universo Romero de Torres, una serie de cuatro breves documentales sobre el pintor. Fueron estrenados en el mes que anualmente dedicamos al artista cordobés (noviembre) y volvemos a compartirlos con vosotros coincidiendo con que ya nos encontramos en la cuenta atrás para “Érase una vez JRT 2017”. Esperamos que os gusten 🙂

La Virgen de la Fuente Santa

La Virgen de la Fuente Santa

Copatrona de Córdoba desde 1994, Nuestra Señora de la Fuensanta aglutina algunas de las más curiosas tradiciones de nuestra ciudad. Y se celebra el 8 de septiembre, como tantas otras Vírgenes, por considerarse la fecha del nacimiento de María. Pero mucho antes de las mencionadas tradiciones, como la “campanita”, la velá o el famoso “caimán“, hubo un origen de la Virgen de la Fuensanta “en sí”:

Una madrugada del s. XV, Gonzalo, un cordobés cualquiera, paseaba desvelado pensando en las enfermedades que afligían a su mujer y a su hija. De repente, contempló a tres místicas figuras que se le acercaban. Resultaron ser una Virgen flanqueada por los patrones de la ciudad, San Acisclo y Santa Victoria. La primera indicó a Gonzalo que debía dar de beber a su mujer e hija agua del manantial que brotaba al pie de una higuera que se encontraba en la entonces llamada Huerta de Albacete, a las afueras de la ciudad, más allá de la Puerta de Baeza. Gonzalo siguió estas intrucciones y, efectivamente, ambas sanaron, lo que provocó que en Córdoba empezase a hablarse de la “Fuente Santa” y muchos recurrieran a sus propiedades curativas.

Décadas después, un ermitaño que había sido también ayudado de forma milagrosa por esas aguas, tuvo en sueños la aparición de esa misma Virgen, que le indicaba que debía mirar dentro del tronco de la higuera, pues allí encontraría una Madre de Dios. Lo hizo y comprobó que, efectivamente, en el interior del árbol había una pequeña talla (este es un hecho recurrente en muchas leyendas peninsulares debido a que durante algunos períodos de dominación islámica se escondieron los símbolos cristianos en árboles y cuevas para protegerlos). Y esa, según la tradición, es la pequeña y dulce talla que hoy en día (especialmente el 8 de septiembre) se venera en el Santuario.

Teo Fernández Vélez
(Texto registrado)

Si quieres conocer el resto de  mágicas tradiciones de nuestra ciudad, no te pierdas la ruta nocturna Leyendas de Córdoba.

Un caimán de leyenda

Un caimán de leyenda

Koki, la mascota del Córdoba C.F., se ha convertido en una de las más caracterísitcas de nuestro país y ha comenzado a conformar algo poco común en este tipo de personajes: una personalidad propia (que le ha llevado a ser, incluso, apercibido de sanción).

El diseño del “cocodrilo” blanquiverde, que no es otra cosa que el famoso caimán de la Fuensanta, dejó en la cuneta a propuestas que eran más castizas si cabe; entre ellas, Perolete, Flamenquito o Mezquito. Y, visto con la perspectiva actual, parece evidente que Koki era, además de la más original, la más llamativa para el publico infantil.

De este modo, acerca a los niños una de nuestras más características tradiciones y leyendas. Aquella que explica el motivo por el que se encuentra ese caimán (disecado) colgado en una pared lateral del santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta.

En el acceso al patio del propio santuario está marcado el nivel al que llegó el agua en diversas subidas del río (si bien parece que la plaza se inundaba a través del “pocito”). Una de ellas, al normalizarse, habría dejado en la entonces llamada “Huerta de Albacete”, entre suciedad y peces muertos, un enorme y voraz reptil que aterrorizó al barrio.

Existen varias versiones sobre quién terminó con él: se habla de un cojo valiéndose de su muleta o de un condenado a muerte (este, con la condición de ser perdonado). Y de que como cebo para atraer al animal se usó, curiosamente, un gran pan. Sea como fuere, la cuestión es que, una vez muerto, se le ofreció a la Virgen como agradecimiento.

Acerca de los hechos reales que llevaron a tal animal a este lugar hay también diversas opiniones: quizá fuese una cría que alguien trajo de ultramar sin ser consciente de cuál sería su tamaño final; quizá un exótico regalo para la Virgen (como la costilla de ballena que hay a su lado o el colmillo de elefante que se encuentra en la Catedral); o quizá el símbolo del poder curativo de la Fuente Santa (desde la antigüedad, los reptiles han simbolizado la curación, como nos muestran las serpientes, símbolo de las farmacias).

Pero más allá de que se tratase de un exvoto o de una referencia a las propiedades sanatorias del manantial, lo importante es que el caimán sigue siendo el gran protanista de la velá de la Fuensanta cada ocho de septiembre. Y por ello es de celebrar el papel de Koki, una divertida, original y popular forma de contribuir a perpetuar su leyenda 🙂

Teo Fernández Vélez

Puedes conocer el resto de principales leyendas populares de Córdoba en nuestra clásica ruta nocturna Leyendas de Córdoba.

Leyendas de Córdoba: El fantasma de la torre del Alcázar

Leyendas de Córdoba: El fantasma de la torre del Alcázar

Según antiguos textos, en tiempos del insigne historiador Ambrosio de Morales (1513-1591) se decidió celebrar una corrida de toros en la explanada frente al Alcázar de los Reyes Cristianos, entonces conocida como Campillo o Campillo del Rey.

El propio Morales intentó advertir al noble don Diego de los Ríos, encargado de organizarla, que tal festejo supondría una ofensa a los mártires cristianos que allí habrían derramado su sangre y que hoy en día dan nombre al lugar (Campo Santo de los Mártires). Pero don Diego desoyó las advertencias. Y quizá no debería haberlo hecho…

Durante las pruebas previas al evento, montado en su caballo divisó un fantasma sobre una de las torres del Alcázar, el cual le dirigía evidentes gestos de desaprobación y amenaza. Don Diego, a pesar de su estupefacción, se dirigió, como estaba previsto, a probar los toros. Y se encontró entonces con la sorpresa de que un joven había sido cogido por uno de los animales, que estaba a punto de terminar su vida.

Inmediatamente acudió a ayudarle. El animal se volvió hacia el noble y fue a este al que hirió mortalmente.

Se cuenta que, antes de exhalar su último aliento, don Diego se arrepintió de su osadía. Y la ciudad lo interpretó lo acontecido como un castigo divino por su falta de respeto.

Teo Fernández Vélez

(Texto registrado)

Si quieres descubrir otras mágicas historias de tu ciudad, no te pierdas nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba 🙂

 

Corduba: El orgullo del Betis

Corduba: El orgullo del Betis

Era capital de la Bética (provincia sur de la Hispania romana, que tomaba su nombre del río Betis -Guadalquivir-). Poseía un sistema de cloacas tan sofisticado para su época que actualmente continúa en uso en algunas calles de la ciudad. Imitadora de Roma, se la dotó de un foro “nuevo” con mármol traído de las canteras imperiales de Carrara. En sentido inverso, suministraba a la capital el mejor aceite del Mediterráneo. Contaba, además, con algunos de los edificios de espectáculos más grandes que existieron en la Antigüedad.

Etc., etc…

Tal era el esplendor de Corduba.

Fundada en el siglo II a.c. por el general Claudio Marcelo, su espectacular legado ha quedado enterrado por el paso de los siglos, y en gran medida eclipsado por el esplendor del Califato Omeya. Algunos ejemplos, como los restos del templo romano, pueden verse libremente. Otros (como el de la imagen) se integran adecuada y discretamente dentro de edificios particulares.

Sin embargo, la mayoría se encuentra bajo nuestros pies.

Por eso lo recuperamos para ti adentrándonos en el subsuelo de la ciudad en nuestra ruta Córdoba Subterránea.

Acompáñanos: Desciende al pasado.

Más info aquí.

GarabaTEOs (IX): El reloj del amor

GarabaTEOs (IX): El reloj del amor

(Escrito con el que nuestro Director, Teo Fernández, participó en el Concurso de relato breve del Museo Arqueológico de Córdoba del año 2015, y que fue publicado en nuestro antiguo blog en marzo de 2016)

Era el cortejo de los museos. La danza del amor en las galerías de arte.

Nos mirábamos de soslayo o fingiendo casualidad, y nos deteníamos ante la misma obra, simulando observarla, cuando en realidad estábamos pendientes el uno del otro.

La situación se prolongaba, en ocasiones absurdamente, hasta que uno de los dos consideraba que ya había esperado bastante y se alejaba. Entonces, andurreábamos por separado por la sala, aparentando prestar atención a otras piezas, pero siempre pendientes de ante cuál reencontrarnos para contemplarla también juntos.

Una vez, al cruzarnos, incluso me dedicó una leve sonrisa…

Pero el gran momento tuvo lugar ante la estatua de Afrodita: nos pusimos tan cerca que nuestras manos, que colgaban junto a nuestras respectivas caderas, se rozaron por las caras externas. Fue como un mensaje de la diosa del amor. Si ya había tenido varias oportunidades para entablar conversación, aquella fue la ideal: pero, una vez más, me paralizó la timidez.

Al final, tras un largo rato de flirteo mudo por el museo, ella se marchó. Mientras su silueta se alejaba, pude percibir en ella una postura de cierta decepción, sin duda causada por mi falta de iniciativa para haberla abordado.

Esa noche no pegué ojo. Me la pasé maldiciendo aquella indecisión y me prometí que volvería allí, a buscarla, rezando para que fuese de Córdoba y tornase; y, si estaba de paso en nuestra ciudad, para que por algún error de los dioses, del Universo o de lo que sea que nos rija, reapareciese en el mismo lugar. ¿Acaso no había ya conspirado esa Fuerza para que coincidiéramos la primera vez?

Y, a fin de cuentas, era lo único que podía hacer: Esperarla.

Así, cada día, a la misma hora, yo regresaba a nuestro fugaz nido de amor. Repetía la misma luz del crepúsculo ante la que habíamos coqueteado en silencio y veía desplazarse las mismas sombras según iba cayendo el sol, como si fuesen las particulares agujas del reloj del edificio. Todo ello ante la inexcrutable mirada de Afrodita.

Empecé a saberme el museo a pies juntillas. Memoricé, sin pretenderlo, las cartelas de las piezas de mi alrededor. Llegué a reconocer el sonido de los pasos de cada vigilante, las edades de los colegios en función del griterío que se escuchaba a su llegada y los distintos olores (en algunos casos no muy agradables) de los turistas de cada país.

Pero ella no volvía. Así que, por si acaso, empecé a pasar cada vez más tiempo allí, hasta consumar la jornada completa. Era lo único que podía hacer: Esperarla.

Los trabajadores de la institución se habituaron a mi presencia. Llegó un momento en el que no me saludaban, pues me confundían con una pieza más de la colección. Por lo cual también dejaron de obligarme a marchar al cerrar el edificio. Y comencé a pasar las noches en el mismo.

Todo por ella. Siempre aguardando junto a la Afrodita que había unido, aunque fuese tan fugaz como levemente, nuestras manos. La Afrodita que, por algún tipo de milagro pagano, la traería de vuelta algún día. Por eso yo no debía alejarme de allí…

Los visitantes me veían tan integrado en el entorno que empezaron a creer que yo era una estatua y buscaban a mi alrededor una cartela descriptiva. Los museólogos, a cuyos oídos había llegado mi historia, decidieron colocarme una: Hombre esperando por amor. Finales del siglo XX. Procedencia desconocida. El nombre era más típico de un museo de arte contemporáneo, pero resultaba tan adecuado que, como buena estatua, no rechisté.

Incluso las limpiadoras me quitaban el polvo. Y no voy a negar que me venía bien, tras tanto tiempo sin moverme del lugar. La cosa me gustó menos cuando un restaurador planteó hacerme algún arreglo… Afortunadamente, la reforma quedó en corte de pelo, afeitado y manicura, todos ellos celebrados por mi parte, pensando siempre en el ansiado reencuentro. Porque yo seguía esperándola.

Empecé a calcificarme y a sentirme cada vez más indentificado con las esculturas. ¡Quizá el origen de todas ellas había sido el mismo! Quizá ellas algún día también esperaron a un amado. Por eso le propuse a Afrodita un trato para que trajese de vuelta a la mía. Le prometí llenar también su vacío buscándole un buen Ares. Un Ares que estuviese vivo y coleando. Pero el proyecto no le convenció.

Así que allí seguí…

Hasta que al final, debido a mi tan romántica como perenne inmovilidad, me convertí en estatua. En una aguja más del reloj; en este caso, con un mecanismo impulsado por el amor. Y mi historia pasó a ser otra sombra de los atardeceres del museo.

Con una nueva cartela que rezaba un nuevo nombre: Amor eterno convertido en piedra.

Teo Fernández Vélez ©

(Texto registrado)

 

Santa Eufemia de Córdoba y Santa Eufemia de Italia

Santa Eufemia de Córdoba y Santa Eufemia de Italia

Ya leíste en este mismo blog la leyenda que relaciona a la localidad cordobesa de Santa Eufemia con los dos núcleos del mismo nombre que se encuentran en la Calabria italiana y que justifica su gentilicio: “calabreses”. Si no es así, puedes leerla aquí.

También posiblemente viste, hace tiempo, el vídeo de la entrevista en PTV Córdoba a Miguel Torres Murillo, cronista oficial de la villa cordobesa. En ella desgrana la realidad tras la leyenda. Por si acaso, te lo adjuntamos más abajo 🙂

Pero ahora ha llegado el turno a Italia. Son los calabreses (los de allí) los que están poniendo en valor y divulgando este curioso nexo histórico. De ello se hizo eco La voz de Córdoba en este artículo.

Y, si quieres descubrir otras tradiciones y leyendas de nuestra ciudad, no te pierdas nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba 😉

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