Autor: Érase una vez Córdoba

Microdocumentales Julio Romero de Torres

Microdocumentales Julio Romero de Torres

En otoño del año pasado realizamos, junto a PTV Córdoba y con la colaboración de diversas personas e instituciones vinculadas al universo Romero de Torres, una serie de cuatro breves documentales sobre el pintor. Fueron estrenados en el mes que anualmente dedicamos al artista cordobés (noviembre) y volvemos a compartirlos con vosotros coincidiendo con que ya nos encontramos en la cuenta atrás para “Érase una vez JRT 2017”. Esperamos que os gusten 🙂

La Virgen de la Fuente Santa

La Virgen de la Fuente Santa

Copatrona de Córdoba desde 1994, Nuestra Señora de la Fuensanta aglutina algunas de las más curiosas tradiciones de nuestra ciudad. Y se celebra el 8 de septiembre, como tantas otras Vírgenes, por considerarse la fecha del nacimiento de María. Pero mucho antes de las mencionadas tradiciones, como la “campanita”, la velá o el famoso “caimán“, hubo un origen de la Virgen de la Fuensanta “en sí”:

Una madrugada del s. XV, Gonzalo, un cordobés cualquiera, paseaba desvelado pensando en las enfermedades que afligían a su mujer y a su hija. De repente, contempló a tres místicas figuras que se le acercaban. Resultaron ser una Virgen flanqueada por los patrones de la ciudad, San Acisclo y Santa Victoria. La primera indicó a Gonzalo que debía dar de beber a su mujer e hija agua del manantial que brotaba al pie de una higuera que se encontraba en la entonces llamada Huerta de Albacete, a las afueras de la ciudad, más allá de la Puerta de Baeza. Gonzalo siguió estas intrucciones y, efectivamente, ambas sanaron, lo que provocó que en Córdoba empezase a hablarse de la “Fuente Santa” y muchos recurrieran a sus propiedades curativas.

Décadas después, un ermitaño que había sido también ayudado de forma milagrosa por esas aguas, tuvo en sueños la aparición de esa misma Virgen, que le indicaba que debía mirar dentro del tronco de la higuera, pues allí encontraría una Madre de Dios. Lo hizo y comprobó que, efectivamente, en el interior del árbol había una pequeña talla (este es un hecho recurrente en muchas leyendas peninsulares debido a que durante algunos períodos de dominación islámica se escondieron los símbolos cristianos en árboles y cuevas para protegerlos). Y esa, según la tradición, es la pequeña y dulce talla que hoy en día (especialmente el 8 de septiembre) se venera en el Santuario.

Teo Fernández Vélez
(Texto registrado)

Si quieres conocer el resto de  mágicas tradiciones de nuestra ciudad, no te pierdas la ruta nocturna Leyendas de Córdoba.

Un caimán de leyenda

Un caimán de leyenda

Koki, la mascota del Córdoba C.F., se ha convertido en una de las más caracterísitcas de nuestro país y ha comenzado a conformar algo poco común en este tipo de personajes: una personalidad propia (que le ha llevado a ser, incluso, apercibido de sanción).

El diseño del “cocodrilo” blanquiverde, que no es otra cosa que el famoso caimán de la Fuensanta, dejó en la cuneta a propuestas que eran más castizas si cabe; entre ellas, Perolete, Flamenquito o Mezquito. Y, visto con la perspectiva actual, parece evidente que Koki era, además de la más original, la más llamativa para el publico infantil.

De este modo, acerca a los niños una de nuestras más características tradiciones y leyendas. Aquella que explica el motivo por el que se encuentra ese caimán (disecado) colgado en una pared lateral del santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta.

En el acceso al patio del propio santuario está marcado el nivel al que llegó el agua en diversas subidas del río (si bien parece que la plaza se inundaba a través del “pocito”). Una de ellas, al normalizarse, habría dejado en la entonces llamada “Huerta de Albacete”, entre suciedad y peces muertos, un enorme y voraz reptil que aterrorizó al barrio.

Existen varias versiones sobre quién terminó con él: se habla de un cojo valiéndose de su muleta o de un condenado a muerte (este, con la condición de ser perdonado). Y de que como cebo para atraer al animal se usó, curiosamente, un gran pan. Sea como fuere, la cuestión es que, una vez muerto, se le ofreció a la Virgen como agradecimiento.

Acerca de los hechos reales que llevaron a tal animal a este lugar hay también diversas opiniones: quizá fuese una cría que alguien trajo de ultramar sin ser consciente de cuál sería su tamaño final; quizá un exótico regalo para la Virgen (como la costilla de ballena que hay a su lado o el colmillo de elefante que se encuentra en la Catedral); o quizá el símbolo del poder curativo de la Fuente Santa (desde la antigüedad, los reptiles han simbolizado la curación, como nos muestran las serpientes, símbolo de las farmacias).

Pero más allá de que se tratase de un exvoto o de una referencia a las propiedades sanatorias del manantial, lo importante es que el caimán sigue siendo el gran protanista de la velá de la Fuensanta cada ocho de septiembre. Y por ello es de celebrar el papel de Koki, una divertida, original y popular forma de contribuir a perpetuar su leyenda 🙂

Teo Fernández Vélez

Puedes conocer el resto de principales leyendas populares de Córdoba en nuestra clásica ruta nocturna Leyendas de Córdoba.

Leyendas de Córdoba: El fantasma de la torre del Alcázar

Leyendas de Córdoba: El fantasma de la torre del Alcázar

Según antiguos textos, en tiempos del insigne historiador Ambrosio de Morales (1513-1591) se decidió celebrar una corrida de toros en la explanada frente al Alcázar de los Reyes Cristianos, entonces conocida como Campillo o Campillo del Rey.

El propio Morales intentó advertir al noble don Diego de los Ríos, encargado de organizarla, que tal festejo supondría una ofensa a los mártires cristianos que allí habrían derramado su sangre y que hoy en día dan nombre al lugar (Campo Santo de los Mártires). Pero don Diego desoyó las advertencias. Y quizá no debería haberlo hecho…

Durante las pruebas previas al evento, montado en su caballo divisó un fantasma sobre una de las torres del Alcázar, el cual le dirigía evidentes gestos de desaprobación y amenaza. Don Diego, a pesar de su estupefacción, se dirigió, como estaba previsto, a probar los toros. Y se encontró entonces con la sorpresa de que un joven había sido cogido por uno de los animales, que estaba a punto de terminar su vida.

Inmediatamente acudió a ayudarle. El animal se volvió hacia el noble y fue a este al que hirió mortalmente.

Se cuenta que, antes de exhalar su último aliento, don Diego se arrepintió de su osadía. Y la ciudad lo interpretó lo acontecido como un castigo divino por su falta de respeto.

Teo Fernández Vélez

(Texto registrado)

Si quieres descubrir otras mágicas historias de tu ciudad, no te pierdas nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba 🙂

 

Corduba: El orgullo del Betis

Corduba: El orgullo del Betis

Era capital de la Bética (provincia sur de la Hispania romana, que tomaba su nombre del río Betis -Guadalquivir-). Poseía un sistema de cloacas tan sofisticado para su época que actualmente continúa en uso en algunas calles de la ciudad. Imitadora de Roma, se la dotó de un foro “nuevo” con mármol traído de las canteras imperiales de Carrara. En sentido inverso, suministraba a la capital el mejor aceite del Mediterráneo. Contaba, además, con algunos de los edificios de espectáculos más grandes que existieron en la Antigüedad.

Etc., etc…

Tal era el esplendor de Corduba.

Fundada en el siglo II a.c. por el general Claudio Marcelo, su espectacular legado ha quedado enterrado por el paso de los siglos, y en gran medida eclipsado por el esplendor del Califato Omeya. Algunos ejemplos, como los restos del templo romano, pueden verse libremente. Otros (como el de la imagen) se integran adecuada y discretamente dentro de edificios particulares.

Sin embargo, la mayoría se encuentra bajo nuestros pies.

Por eso lo recuperamos para ti adentrándonos en el subsuelo de la ciudad en nuestra ruta Córdoba Subterránea.

Acompáñanos: Desciende al pasado.

Más info aquí.

GarabaTEOs (IX): El reloj del amor

GarabaTEOs (IX): El reloj del amor

(Escrito con el que nuestro Director, Teo Fernández, participó en el Concurso de relato breve del Museo Arqueológico de Córdoba del año 2015, y que fue publicado en nuestro antiguo blog en marzo de 2016)

Era el cortejo de los museos. La danza del amor en las galerías de arte.

Nos mirábamos de soslayo o fingiendo casualidad, y nos deteníamos ante la misma obra, simulando observarla, cuando en realidad estábamos pendientes el uno del otro.

La situación se prolongaba, en ocasiones absurdamente, hasta que uno de los dos consideraba que ya había esperado bastante y se alejaba. Entonces, andurreábamos por separado por la sala, aparentando prestar atención a otras piezas, pero siempre pendientes de ante cuál reencontrarnos para contemplarla también juntos.

Una vez, al cruzarnos, incluso me dedicó una leve sonrisa…

Pero el gran momento tuvo lugar ante la estatua de Afrodita: nos pusimos tan cerca que nuestras manos, que colgaban junto a nuestras respectivas caderas, se rozaron por las caras externas. Fue como un mensaje de la diosa del amor. Si ya había tenido varias oportunidades para entablar conversación, aquella fue la ideal: pero, una vez más, me paralizó la timidez.

Al final, tras un largo rato de flirteo mudo por el museo, ella se marchó. Mientras su silueta se alejaba, pude percibir en ella una postura de cierta decepción, sin duda causada por mi falta de iniciativa para haberla abordado.

Esa noche no pegué ojo. Me la pasé maldiciendo aquella indecisión y me prometí que volvería allí, a buscarla, rezando para que fuese de Córdoba y tornase; y, si estaba de paso en nuestra ciudad, para que por algún error de los dioses, del Universo o de lo que sea que nos rija, reapareciese en el mismo lugar. ¿Acaso no había ya conspirado esa Fuerza para que coincidiéramos la primera vez?

Y, a fin de cuentas, era lo único que podía hacer: Esperarla.

Así, cada día, a la misma hora, yo regresaba a nuestro fugaz nido de amor. Repetía la misma luz del crepúsculo ante la que habíamos coqueteado en silencio y veía desplazarse las mismas sombras según iba cayendo el sol, como si fuesen las particulares agujas del reloj del edificio. Todo ello ante la inexcrutable mirada de Afrodita.

Empecé a saberme el museo a pies juntillas. Memoricé, sin pretenderlo, las cartelas de las piezas de mi alrededor. Llegué a reconocer el sonido de los pasos de cada vigilante, las edades de los colegios en función del griterío que se escuchaba a su llegada y los distintos olores (en algunos casos no muy agradables) de los turistas de cada país.

Pero ella no volvía. Así que, por si acaso, empecé a pasar cada vez más tiempo allí, hasta consumar la jornada completa. Era lo único que podía hacer: Esperarla.

Los trabajadores de la institución se habituaron a mi presencia. Llegó un momento en el que no me saludaban, pues me confundían con una pieza más de la colección. Por lo cual también dejaron de obligarme a marchar al cerrar el edificio. Y comencé a pasar las noches en el mismo.

Todo por ella. Siempre aguardando junto a la Afrodita que había unido, aunque fuese tan fugaz como levemente, nuestras manos. La Afrodita que, por algún tipo de milagro pagano, la traería de vuelta algún día. Por eso yo no debía alejarme de allí…

Los visitantes me veían tan integrado en el entorno que empezaron a creer que yo era una estatua y buscaban a mi alrededor una cartela descriptiva. Los museólogos, a cuyos oídos había llegado mi historia, decidieron colocarme una: Hombre esperando por amor. Finales del siglo XX. Procedencia desconocida. El nombre era más típico de un museo de arte contemporáneo, pero resultaba tan adecuado que, como buena estatua, no rechisté.

Incluso las limpiadoras me quitaban el polvo. Y no voy a negar que me venía bien, tras tanto tiempo sin moverme del lugar. La cosa me gustó menos cuando un restaurador planteó hacerme algún arreglo… Afortunadamente, la reforma quedó en corte de pelo, afeitado y manicura, todos ellos celebrados por mi parte, pensando siempre en el ansiado reencuentro. Porque yo seguía esperándola.

Empecé a calcificarme y a sentirme cada vez más indentificado con las esculturas. ¡Quizá el origen de todas ellas había sido el mismo! Quizá ellas algún día también esperaron a un amado. Por eso le propuse a Afrodita un trato para que trajese de vuelta a la mía. Le prometí llenar también su vacío buscándole un buen Ares. Un Ares que estuviese vivo y coleando. Pero el proyecto no le convenció.

Así que allí seguí…

Hasta que al final, debido a mi tan romántica como perenne inmovilidad, me convertí en estatua. En una aguja más del reloj; en este caso, con un mecanismo impulsado por el amor. Y mi historia pasó a ser otra sombra de los atardeceres del museo.

Con una nueva cartela que rezaba un nuevo nombre: Amor eterno convertido en piedra.

Teo Fernández Vélez ©

(Texto registrado)

 

Santa Eufemia de Córdoba y Santa Eufemia de Italia

Santa Eufemia de Córdoba y Santa Eufemia de Italia

Ya leíste en este mismo blog la leyenda que relaciona a la localidad cordobesa de Santa Eufemia con los dos núcleos del mismo nombre que se encuentran en la Calabria italiana y que justifica su gentilicio: “calabreses”. Si no es así, puedes leerla aquí.

También posiblemente viste, hace tiempo, el vídeo de la entrevista en PTV Córdoba a Miguel Torres Murillo, cronista oficial de la villa cordobesa. En ella desgrana la realidad tras la leyenda. Por si acaso, te lo adjuntamos más abajo 🙂

Pero ahora ha llegado el turno a Italia. Son los calabreses (los de allí) los que están poniendo en valor y divulgando este curioso nexo histórico. De ello se hizo eco La voz de Córdoba en este artículo.

Y, si quieres descubrir otras tradiciones y leyendas de nuestra ciudad, no te pierdas nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba 😉

Dos años de nuestra etapa en Mercado Victoria

Dos años de nuestra etapa en Mercado Victoria

Hoy se cumplen dos años de que comenzásemos una preciosa etapa en Mercado Victoria. De agosto a noviembre de 2015  gestionamos en este centro gastronómico un punto especialmente centrado en nuestras actividades pero también ofrecía información turística y cultural general de la ciudad.

En ocasiones, además, lo tematizábamos por semanas, como la semana de Julio Romero de Torres o la semana de los patios (imagen inferior).

Fueron unos meses enormemente enriquecedores para Érase una vez Córdoba, que ahora no sería lo que es sin aquella experiencia. Por eso querísmos recordarla. Muchas gracias por permitirnos vivirla 🙂

 

Aquella Kurtuba de Las mil y una noches

Aquella Kurtuba de Las mil y una noches

El año pasado celebramos los 1300 años de Córdoba fuese designada como capital de Al-Andalus. A partir de ese momento nuestra ciudad comenzó un crecimiento demográfico, económico y cultural la convertiría en una de las más importantes de occidente.

La gran Mezquita Mayor (hoy Catedral) o los restos de Medina Azahara son los principales testigos materiales de aquella urbe. Sin embargo, tenemos otros guiños la misma, como los mágicos personajes hoy recordados en esculturas o nombres de calles.

Volvemos a compartir con vosotros (bajo estas líneas) el reportaje que realizamos junto a PTV Córdoba sobre la exposición conmemorativa que se organizó en el Museo Arqueológico. Y, si quieres descubrir esos personajes, así como leyendas y tradiciones de la Mezquita y su entorno, no te pierdas nuestro paseo guiado La Córdoba de Las mil y una noches el próximo martes 29 de agosto (más info aquí).

¡Sube a nuestra alfombra mágica! 🙂

 

La leyenda de la conquista de Santa Eufemia

La leyenda de la conquista de Santa Eufemia

Hay en lo más al norte de Andalucía un enclave coronado por un castillo de origen árabe. Un castillo que controlaba el que, durante siglos, había sido lugar de paso desde las minas del actual Almadén hacia el Guadalquivir o el Mediterráneo; zona de famosos castros íberos y de la misteriosa ciudad de Solia.

Ese castillo estaba tan elevado y bien protegido que, durante el avance cristiano desde el norte, resultaba imposible de reconquistar a las huestes de mercenarios de Alfonso VII de Castilla. Por eso, estas decidieron apostarse en una llanura junto a un río cercano para reponer fuerzas y esperar a que sus enemigos carecieran de provisiones.

Además, ya que los treintaitrés miembros del pelotón provenían de la región más al sur de la Península Itálica, Calabria, donde existen dos localidades que llevan el nombre de Santa Eufemia (su virgen más venerada) se encomendaron a ella para conseguir tomar la fortaleza infiel.

Sorprendentemente, sus plegarias obtuvieron recompensa: en mitad de la noche, Santa Eufemia se les apareció, indicándoles por dónde podrían acceder al castillo sin ser vistos, y así lo hicieron. Por ello, una vez reconquistado el lugar, su nombre pasó a ser precisamente Santa Eufemia. Y su gentilicio, cómo no, calabreses.

Y también por eso, todavia hoy, cada Domingo de Resurrección, la hermandad de dicha virgen (“La Santa”), formada por treinteitrés miembros, celebra una romería en la que la acompaña al ritmo de tambores militares hasta una ermita construída en el lugar donde se apareció a los soldados.

Teo Fernández Vélez

(Información registrada)

Si quieres descubrir otras de nuestras mágicas historias, no te pierdas la ruta nocturna Leyendas de Córdoba.

*Artículo publicado en nuestro antiguo blog el 23 de abril de 2013  **Imagen: lospedroches.org

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