Diez mentiras de la Historia de Córdoba que te cuentan como si fueran verdad

Diez mentiras de la Historia de Córdoba que te cuentan como si fueran verdad

En Érase una vez Córdoba trabajamos a menudo divulgando las leyendas cordobesas con nuestros paseos guiados por la ciudad. Pero una cosa es contar leyendas para saborear su encanto (recordando que son eso, leyendas) y otra muy diferente repetir mentiras asentadas en el imaginario colectivo como si fueran verdad. Mentiras con tanto abolengo que no sólo el profano, sino también guías turísticos, profesores o periodistas repiten sin cuestionarlas. Hoy he seleccionado las diez que más a menudo han llegado a mis ojos y oídos. Un par de ellas también las creía y transmitía yo en su momento. Pero de eso se trata: no de ser perfectos e infalibles, sino de aprender y mejorar cada día en nuestro trabajo. Por eso, precisamente, las comparto. Para que las aclaraciones puedan servirle también a otros. Espero que os gusten 🙂

 

1.- La casa de Maimónides: He escuchado a decenas de guías explicar que la estatua de Maimónides en plena antigua Judería se encuentra en la hoy llamada Plaza de Tiberíades, junto al Museo Taurino, porque este personaje vivió en ese lugar. Frente a ello, cabría señalar que la Judería de la que hablamos se definió tras la conquista cristiana de 1236, es decir, décadas después del fallecimiento de este sabio en El Cairo, por lo que tal afirmación resulta un inverosímil anacronismo. Como recordaron los arqueólogos Juan Murillo y Alberto León en varias actividades del pasado Noches de Ramadán, no tenemos constancia de la existencia de una judería como tal en tiempos de Maimónides (tiempos de un convulso y cuarteado Al-Ándalus). Sí mencionaron como posible que las distintas religiones y/o etnias se agrupasen en determinadas zonas. En ese caso, algunos indicios hacen pesar en un núcleo judío mucho más al norte que la posterior Judería de época cristiana.

 

2.- La Inquisición en la Corredera: El imaginario colectivo cordobés identifica a la Plaza de la Corredera con la Inquisición y sus hogueras. Sin embargo, había otros espacios más vinculados a esta institución, como su sede (el Alcázar) o el monasterio dominico (San Pablo). Bien es cierto que determinados “juicios” tuvieron lugar en La Corredera, por motivos de aforo, pero lo de que allí se quemaba a la gente es otra cosa. Gonzalo Herreros (investigador del Departamento de Historia Moderna de la UCO y responsable de nuestra ruta guiada La Inquisición en Córdoba) confirma que el lugar habitual para estas ejecuciones era el flanco exterior de la muralla este de la ciudad. Especialmente, el Marrubial (donde hay una zona aún llamada “el quemadero”) y Campo Madre de Dios.

 

3.- La ley de las Holgazanas: Corre como la pólvora la historia de que Isabel la Católica, escandalizada por la cantidad de mujeres adineradas que se pasaban el día sin hacer otra cosa que pasear por los alrededores del Alcázar para poder verla, habría promulgado la llamada Ley de las Holgazanas que impedía que disfrutasen de bienes gananciales en caso de quedar viudas. La ley, efectivamente, existió y estuvo vigente hasta el siglo XIX. Pero siempre he supuesto que este origen de la misma era un “chascarrillo”, al estilo de aquello de que mandó desmontar la noria de la albolafia porque le molestaba el ruido. Por eso, ante la duda, me he ahorrado divulgarla. Y hace poco, mi amigo Ángel María Ruiz Gálvez (investigador del Departamento de Historia Moderna de la UCO) me confirmaba que no existe constancia de que los Reyes Católicos tuviesen ninguna relación (ni siquiera cronológica) con el origen de esta ley.

 

4.- La cabeza del Gran Capitán de las Tendillas: No me voy a extender mucho sobre este tema porque ya lo hice en un artículo de mi columna PaTEOs por Córdoba en La Voz de Córdoba. Pero, resumiendo, todo eso de la cabeza de mármol posterior al conjunto original o que fuera del torero Lagartijo es falso, tal y como destacamos en nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba. La testa que hoy vemos es la original del proyecto de Mateo Inurria de 1915.

 

5.- El Padre Roelas y la peste: En sus Confesiones, el padre Andrés de las Roelas narra que, habiendo caído en una “gravísima y muy prolija enfermedad”, escuchó una voz que en repetidas ocasiones le decía “sal al campo y tendrás salud”. Y finalmente obedeció, dando así el pistoletazo de salida al relato que culmina con el famoso “Juramento” del Arcángel San Rafael asegurando que era el protector de nuestra ciudad. Lo curioso es que en este relato en ningún momento se menciona la peste (excepto casi al final, para referirse a hechos acaecidos siglos antes). Quizá podríamos pensar que esa es la enfermedad que Roelas afirma sufrir, pero en caso de darse ese tipo de epidemias no sería habitual que las puertas de la ciudad estuvieran abiertas y pudiera, como cuenta, entrar y salir de la misma. A pesar de ello, es muy común vincular la historia de Roelas con este mal. Como he comentado muchas veces con Jesús Cabrera (periodista, cofrade y miembro de la Real Academia de Córdoba), bien es cierto que hay otros episodios de nuestro Arcángel, tanto tradicionales como históricos, en los que hay una presencia clave de la peste; pero no aparece nunca mencionada como tal en la historia del Juramento al Padre Roelas.

 

6.- La consagración cristiana de la Mezquita: Quizá esta es la confusión menos destacada, pero no quería dejar de incluirla en el “top ten” (o Top Teo), pues protagonizó una de las preguntas más comentadas del examen para ser guía de la Mezquita-Catedral celebrado el año pasado. Solemos considerar 1236, año de la conquista de Fernando III, como la fecha en la que se dedica la Mezquita Aljama para el culto  cristiano. Y no es incorrecto. Ahora bien, no fue la primera vez que esto ocurrió, pues en 1146 tuvo lugar una fugaz conquista cristiana por parte de Alfonso VII que supuso la primera consagración de la archifamosa Mezquita. Lo detalla el propio Jesús Cabrera en este artículo.

 

7.- Diego López de Haro, Marqués de El Carpio: Desde que Córdoba empezó a poner en valor el edificio de Caballerizas Reales, hemos venido divulgando el error histórico de que el primer Caballerizo Real, Diego López de Haro, habría sido Marqués de El Carpio. La confusión, como bien explicó el mencionado Ángel María Ruiz en unas Jornadas ecuestres organizadas el año pasado por el Ayuntamiento de Córdoba, se debe a que el auténtico Marqués era un primo del Caballerizo… ¡y se llamaban igual! En consecuencia, resulta obvio que el primer Caballerizo no habitó en la Casa del Marqués de El Carpio de calle Cabezas número 5 (más conocida por su fachada-muralla a calle San Fernando). Allí vivía, claro, su homónimo primo marqués. Pero no penséis que moraba en mal sitio: como ya señalase Miguel Muñoz Vázquez, vivía en la que hoy conocemos como Casa del Judío junto al Museo Arqueológico.

 

8.- Góngora y la Casa Góngora: Nos desplazamos apenas unos metros, al edificio anexo a la Casa del Marqués de El Carpio, para desmentir un bulo exprés (y digo exprés por lo rápido que se ha extendido): Que la Casa Góngora, ese centro cultural del Ayuntamiento en calle Cabezas, se llama así porque allí vivió nuestro insigne poeta. Esta mentira, lo creáis o no, ya está escrita en guías turísticas contándola como cierta.

 

9.- Las iglesias fernandinas: Muy a menudo oímos hablar de las llamadas iglesias fernandinas, aquellas supuestamente construidas tras la conquista de Córdoba por parte de Fernando III. Sin embargo, se hace con bastante imprecisión o incluso con errores. Para resumir, señalaré que este monarca creó las parroquias (las collaciones), pero la construcción de los templos respectivos se dilataría tanto en el tiempo que se cuestiona la corrección del adjetivo o atributo de “fernandinos” para los mismos. Por eso mis profesores de la licenciatura de Historia del Arte de la UCO se referían a ellas como “las mal llamadas iglesias fernandinas”. Tienes más información sobre este asunto en otro de mis PaTEOs por Córdoba.

 

10.- El patio de San Basilio 44 (antiguo número 50): Si he escuchado decenas de veces contar a turistas algunos de los puntos anteriores, no exagero si digo que he oído en centenares de ocasiones que el patio de calle San Basilio 44 (hasta hace pocos años, número 50) es de propiedad pública. Y he dejado esta confusión para el final por ser quizá la más enrevesada. Sobre todo porque a menudo se intenta justificar lo insostenible (la supuesta propiedad pública) con la absurda afirmación de que es “de la asociación de todos los patios”. Supongo que se refieren a una hipotética asociación de todos los propietarios. Una asociación que… no existe. Y que, en todo caso, de haberla, sería, como (casi) todas las asociaciones, privada. Por tanto, la falsedad, en este asunto, alcanza varios niveles. La Asociación realmente propietaria del mismo y a la que debemos su mantenimiento es la de Amigos de los Patios Cordobeses (privada y sin ánimo de lucro), creada en 1974 y que, como bien reza el nombre, es “de amigos de los patios”. De hecho, la mayoría de sus socios no son propietarios de patios ni viven en uno y ser parte de esta entidad es su altruista forma de contribuir a la tradición. Ahora bien, como asociación (o sea, entre todos los socios) tiene en su haber los dos patios que compró en su día para salvarlos de la piqueta: el mencionado San Basilio 44 y el de Siete Revueltas 1, más conocido como Casa de las Campanas.

 

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Teo Fernández Vélez ©

(Texto registrado)

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