GarabaTEOs (VII): 50 familias que cambian el mundo

GarabaTEOs (VII): 50 familias que cambian el mundo

A las puertas de un nuevo Festival de Patios, me permito compartir con vosotros este “GarabaTEO” de mayo del 2015:

Uno de los temas “estrella” que se debatió en el I Congreso Internacional de Turismo Cultural de Córdoba, celebrado los pasados 7 y 8 de mayo en el Palacio de La Merced, fue la idea de que son las personas anónimas las que realmente llegan a provocar cambios culturales que influyen en las sociedades.

Y estoy totalmente de acuerdo. No son los héroes ni los villanos más visibles los que suelen llevar a cabo alteraciones de profundo calado a largo plazo, ya sean positivas o negativas. Son las personas normales, comunes, quienes, a veces sin proponérselo, dan forma al mundo. A muchos puede disgustar dicha realidad, pues supone dejar de echarle la culpa a los demás y asumir la responsabilidad tanto individual como colectivamente. Pero la obviedad y también la fuerza de esta afirmación son demoledoras.

Pues resulta que uno de los mejores ejemplos lo tenemos en Córdoba con el Festival de Patios: lo organiza (coordina y premia) el Ayuntamiento, pero quienes dieron forma a esta tradición y han conseguido que se convierta en Patrimonio de la Humanidad han sido los cuidadores de los recintos; casi en su totalidad, familias.

Apenas medio cententar de familias que, encarnando la idiosincrasia local y ejemplifiando virtudes muy nuestras como la discreción, la generosidad, la constancia y la perseverancia (el concurso va camino de cumplir un siglo de existencia) han logrado transformar la realidad actual de la ciudad. Y han provocado que los patios hagan parangón a la Mezquita-Catedral o al samorejo como elemento indentificativo de Córdoba.

Seguramente haya pocas medidas promovidas desde las distintas administraciones públicas que tengan el impacto económico en la ciudad que supone el mencionado concurso de patios, que paradójicamente está basado en todo lo contrario: en pequeñas inciativas particulares. Como se reflexionó en dicho congreso, ¿qué pasaría si, solamente un año, el apenas medio centenar de participantes decidiera no concursar? ¿No tendría eso (añado yo) mucha mayor influencia en la economía y el empleo en la ciudad que cualquier decisión política?

(Y esto no es, insisto, una crítica a las Administraciones. Todo lo contrario: es una reivindicación del poder transformador que tiene la ciudadanía cuando trabaja de forma positiva).

Esa, amigos, es la fuerza real de las sociedades: El mundo no se cambia con guerras, ni con votos, ni con manifestaciones. El mundo se cambia construyendo desde nuestra casa, con pequeños gestos. Sobre todo si, como es el caso, otros construyen, desde la suya, en la misma dirección.

Como han demostrado cincuenta familias que cambian el mundo (o, al menos, Córdoba) cada vez que riegan sus macetas.

Gracias, gracias, y mil veces gracias a todas ellas.

Teo Fernández Vélez (16 de mayo de 2015)


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